Por Maribel Acosta
El próximo 1 de abril dará inicio en el Palacio de Convenciones, en La Habana, el VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, luego de su última edición en noviembre de 1998. Una década después de aquel acontecimiento en los finales del atormentado siglo XX, a casi 50 años del triunfo de la Revolución Cubana, el escenario nacional e internacional para las discusiones de la intelectualidad de la isla es bien distinto. No hay dudas. Sin embargo, un común denominador parece traspasar las hendijas del tiempo: Caliban continúa voceando sus derechos de soberanía e identidad.
Aquel personaje mítico de Shakespeare, que por obra y gracia del talento y la honradez intelectual del cubano Roberto Fernández Retamar asomó a la palestra de las polémicas en los 70 y, se convirtió en símbolo de la rebeldía anticolonial de nuestros pensadores y pueblos del Sur, tiene mucho que hacer todavía.
Caliban, con la lengua y los conceptos que el conquistador Próspero le legó en su colonización sangrienta, lo enfrenta, lo desmiente, lo desafía. Ahí está su reto.
En esta isla de Caliban se deben contar los caminos.
Corría el año 1961: Ruptura de las relaciones de Estados Unidos con Cuba. Alfabetización. Victoria de Playa Girón. Declaración del carácter socialista de la Revolución. Días 16, 23 y 30 de junio, en la Biblioteca Nacional, junto a Fidel, la intelectualidad discute temas de la libertad para la creación artística. Palabras a los intelectuales fue el resultado de aquella reunión que en el discurso de Fidel remarcó la libertad creadora y trajo consigo la definición que pasó a ser guía en la práctica cultural cubana: "Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie. Por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella."
Ese encuentro sentó las bases para la fundación de la UNEAC en su Primer Congreso, que se efectuó en el Hotel Habana Libre, en la capital cubana, en agosto de 1961.
La década del 60 trajo epopeya, explosión creativa sin precedentes y, turbulencia. Nació la magnífica visualidad de la Revolución desde el cine, la plástica, la obra literaria y artística. Nacieron Prósperos dentro de la Revolución misma y, errores y desaciertos. La década del 70 le siguió con su carga de contradicciones y de enrumbamientos cuando se crea el Ministerio de Cultura en 1976. Al decir del escritor cubano Ambrosio Fornet -en reciente confrontación sobre la época- el nombramiento de Armando Hart como ministro de Cultura marcó un hito por su irrebatible brillantez de intelectual revolucionario y su inmensa decencia personal.
Los caminos han seguido en el eterno enfrentamiento entre Caliban y Próspero (los de adentro y los de afuera; los de dentro de uno mismo, con tanto camino difícil andado).
Repasamos los 80, en que el proceso de rectificación de errores en la sociedad cubana y la caída de los paradigmas del llamado "socialismo real", generó un arte de cuestionamiento social, de irrupción en la política, de problematización de la existencia misma. Abruptamente paró. Sobrevino para Cuba la crisis económica posterior a la desintegración de la URSS en 1991. Comenzó lo que se dio en llamar la diáspora de los artistas cubanos por el mundo. Se pospuso el debate acerca del recuento de los caminos. Caliban y Próspero volvían a batirse como en duelo antaño.
En 1993, en medio de la aguda crisis económica cubana, del derrumbe de los modelos socialistas y del apogeo neoliberal que en lo que económico e ideológico se abrió paso en el mundo; en medio del proclamado fin de la historia y del comienzo del unipolarismo norteamericano; la Unión de Escritores y Artistas de Cuba celebró su V Congreso. Salvar la cultura, como salvación de la nación misma fue el llamado de Fidel. Resultaron de los debates, el mayor respaldo a las instituciones culturales y el aumento de las inversiones en este terreno. En esos tiempos, Abel Prieto, primero Presidente de la UNEAC y hoy Ministro de Cultura, ha tenido y tiene un lugar principal. Ya en los finales del siglo XX, en 1998, la UNEAC celebró su VI Congreso. De nuevo junto a Fidel se analizaron fenómenos de la sociedad cubana -que impactada, emergía de los augurios apocalípticos con que el mundo la miraba unos años antes- y la intelectualidad examinaba "la marginalidad, la discriminación racial, el gerencismo, la asimilación acrílica de los patrones del mercado, el desconocimiento de nuestras jerarquías, la degradación y miamización en la arquitectura y en la ciudad y la banalidad en los medios".
La Cuba de entonces se reinsertaba en su entorno natural, América Latina. Soplaban otros aires de rebeldía en el continente, pero la empecinada isla había pagado caro, en dos generaciones al menos, su utopía de humanismo. Caliban tenía -y tiene- que reconstruir arduamente el arsenal de valores y de sueños que en la sobrevivencia heroica se han malherido.
En los últimos diez años, la Revolución Cubana abrió -poco a poco- un proceso de reencuentro consigo misma. El siglo XXI visualiza una sociedad compleja, mediada por las cinco décadas de lucha incesante de Caliban y por los ventarrones difíciles internos y externos. Próspero creó las autopistas de la Información para sacar ventaja. Caliban requiere apropiárselas para seguir haciéndole frente en la cruzada infinita.
Vino la difícil pregunta ¿Sobrevivirá la Revolución? Vinieron nuevos incidentes que requirieron apurar el paso en la automirada: Las polémicas electrónicas acerca de la política cultural de la Revolución en distintas etapas, y en particular en el denominado quinquenio gris (primera parte de los 70 del siglo XX) que durante el 2007, dieron lugar en la Casa de las Américas a la conferencia Quinquenio gris: Revisitando el término, encuentro de unos 300 escritores y artistas en un ciclo organizado por la revista Criterios y que tuviera seguimiento en temáticas y citas.
Este encuentro, que desgajó también en la necesidad de enfilar la polémica y la mirada del pasado para proyectar futuro, que retomó la diversidad y discusión democrática como credo del socialismo verdadero, tuvo una amplificación mayor en las discusiones que propiciara el Partido Comunista de Cuba en los demás sectores de la sociedad nacional acerca de los problemas más acuciantes y las miradas más disímiles, entre ellos la propia cultura y los medios de comunicación. Este es el nuevo escenario de Caliban para batallar.
En la Convocatoria al VII Congreso de la UNEAC, lanzada durante el propio 2007, se anunciaba que los debates serán encaminados a "la reflexión sobre problemas, contradicciones y conflictos presentes en el mundo de hoy y en el pulso de nuestra vida espiritual".
Expresaba la convocatoria además, que "el movimiento intelectual y artístico en su conjunto y los diversos factores políticos y sociales que se relacionan con la satisfacción de las necesidades espirituales de nuestra población, tendrán que dar continuidad a muchos de los asuntos que se han ido abordando en los diez años que median de uno a otro Congreso, y a la vez, deberán focalizar los nuevos y acuciantes problemas que se revelan. Los jóvenes creadores involucrados en el proceso del Congreso, junto a destacadas personalidades de otras generaciones que integran la vanguardia intelectual, están en condiciones de aportar responsablemente el espíritu de renovación que se requiere en estos tiempos y, a la par, trazar las pautas de continuidad con la labor precedente."
¿Dónde está Caliban por estos días?
Caliban deberá estar en todas partes como nunca antes. Necesitará la sabiduría de la Ñusta Hurcawara del lago Titicaca y la fuerza del mambí redentor. Caliban peleará por primera vez sin Fidel presente, de imponente verdeolivo y verbo. Deberá probar que aprendió y lo mejoró. Deberá creer en sí mismo y en su obra. Deberá contar con los sonidos y los cantos todos para que ¡viva! la Revolución con la misma vehemencia con que dio su primer grito de ¡Viva Cuba libre!
Termino agradeciendo a Roberto Fernández Retamar -que es también Caliban- por prestarme, para despertar mis "entendederas", su concepto-metáfora. Me convertí gracias a él y a los tantos de su generación. en una amante de la calibanología