martes, 3 de mayo de 2016

10 preguntas urgentes sobre la dualidad monetaria en Cuba

Tomado de OnCuba

Hubo susto, hubo compras y ventas compulsivas de pesos cubanos (CUP) con sus “hermanos” los pesos cubanos convertibles (CUC). Nadie sabe quién activó el rumor y ningún medio de comunicación le dio alas. Durante casi toda la semana anterior, en la región central de Cuba se creyó que ocurriría la esperada devaluación de la moneda nacional “fuerte”. Al final, el Banco Central desmintió todo y ratificó que, pase lo que pase, se respetará el valor de los ahorros y el efectivo en manos de la gente.

La devaluación del CUC en el mercado de CADECA, pero sobre todo la devaluación del CUP en el sector empresarial, son dos de los pasos que deberán ocurrir inevitablemente en el proceso del fin de la dualidad monetaria y cambiaria existente en Cuba, aunque no se sepa todavía cuándo.

La decisión no podrá ser tomada en el futuro inmediato, cree el economista cubano Juan Triana Cordoví, profesor de la Universidad de La Habana y columnista de OnCuba.

“Les adelanto que mis conocimientos de este asunto son muy elementales, existen otras personas en Cuba con profundos conocimientos en el tema, de hecho en breve habrá un panel en un evento de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba donde varios de esos expertos expondrán sus ideas”, nos dijo.

“Todo lo que se puede hacer en Cuba hoy es una devaluación. Una devaluación real de la moneda en la que se llevan las cuentas del país, que es el CUP, generará inevitablemente un proceso de inflación, aunque nos esforcemos en amarrarla. Gobiernos que tienen un compromiso, un pacto con la población, como el de Cuba hoy, intentan reducir a la mínima expresión los impactos de la devaluación y por eso demora la promulgación de la medida”, señala el académico en uno de los puntos de una extensa conversación.

1- ¿Cuánto demora la unificación monetaria en Cuba?
Yo pienso que va a demorar. Para resolver la dualidad monetaria en un país que solo tiene su capacidad interna para enfrentar ese proceso, porque no puede ir a bancos ni al Fondo Monetario Internacional, la única alternativa es acumular reservas.

La demora tiene que ver, a mi juicio, con la posibilidad real que tiene el país de poder enfrentar ese proceso reduciendo los costos sociales. Por suerte ahora, con una mejor situación en el tema de la deuda externa (lo cual es un gran éxito del cual se dice poco) el país está en mejores condiciones para recibir líneas de crédito que ayuden a producir y a generar esas reservas externas suficientes.

2- ¿Cuál será la tasa final?
Esa respuesta no la puedo dar. Pero sí explicar un poco la complejidad del fenómeno.

En Cuba hay diferentes tasas de cambio. Todo el sector estatal opera con la tasa de 1 CUC (o USD) es igual a 1 CUP. Aquí el peso cubano está sobrepreciado y es una tasa dañina para la eficiencia del sector estatal, por eso hay que cambiarla, y así lo ha dicho el presidente Raúl Castro, que lo ha llamado “importante distorsión deberá ser solucionada a la mayor brevedad posible”.

Pero dentro del sector estatal se manejan otros “convertidores”. Por ejemplo hay un convertidor para las operaciones de compraventa de alimentos entre los campesinos y los hoteles donde 1 CUC es igual a 11 CUP.

Para el pago a los trabajadores de la zona del Mariel se usa otro convertidor: 1 USD es igual a 10 CUP, mientras que los restantes trabajadores asociados a la inversión extranjera cobran a razón de 1 USD=2 CUP.

Todo esto termina en una gran confusión cambiaria, con espacios muy grises que atentan contra la eficiencia del sistema económico cubano y contra los precios relativos.

A mi juicio lo más estratégico de todo sería unificar esas tasas y esos convertidores en el sector empresarial estatal. Este es el sector decisivo que emplea a más de 3 millones de trabajadores y genera el 85 por ciento de la economía nacional, o más, y hoy por la distorsión cambiaria no se puede saber quién opera con eficiencia y quién no.

En todos los casos en las relaciones entre empresas el peso está sobrevalorado. Sin embargo cuando las empresas pagan en pesos cubanos a sus trabajadores y los trabajadores salen a la calle entonces se encuentran con un peso subvalorado, con poca capacidad adquisitiva.

Por tanto, el segundo paso sería buscar cuál es la tasa de cambio que realmente el mercado está poniendo en el segmento de esa otra economía (que opera a través de CADECA). Lo que pasó en estos días con el rumor es un síntoma. En la zona central el CUC se cotizó a 18 y a 20 pesos en algunos momentos.

Cuba trabaja con una tasa de cambio fija desde hace varios años, pero cuando surgió CADECA la tasa de cambio operaba en una franja de flotación y se movía en función de la oferta y la demanda de las diferentes monedas.

Ese régimen cambiario fue eliminado y se pasó a un régimen fijo. El problema de ese congelamiento es que no dice realmente cuál es la relación entre la oferta y la demanda de las divisas. Por eso creo que debería retomarse un régimen cambiario flotante en franjas, con un tope máximo y un tope mínimo, y darle a la empresa CADECA la potestad de mover la tasa en función del movimiento y de la relación entre las monedas.

Hubo un momento en Cuba, cuando había flotabilidad regulada, que el cambio se puso 19 a 1, y después se adoptó ponerlo 24 a 1, aunque a veces estuvo 27 a 1. Ese movimiento se logró siguiendo la oferta y la demanda de monedas. Hoy para Cuba seguir ese movimiento es más importante porque cada vez tenemos relaciones económicas más fluidas con Estados Unidos, y hay más divisas en el mercado.

A partir de que podamos tener claras señales, entonces podríamos poner una tasa adecuada en el mercado de CADECA. Luego con esa tasa del mercado y la tasa oficial establecida antes en el sector empresarial, podríamos dar pasos para intentar unificar ambas tasas.




Foto: Yariel Valdés González

3- ¿Qué pasa cuando un país decreta una devaluación?
Lo que va a pasar es que habrá un efecto sobre los costos de producción de las empresas y luego eso se transmitirá a los precios que paga la población. Querámoslo o no, haciendo inclusive el programa que el gobierno ha diseñado para amortiguarlo, habrá un efecto de inflación que podrá demorar algunos meses en aparecer, pero ocurrirá.

Imagine una empresa que en su estructura de costos tenga un 20% de costos de importación. Hasta ahora en sus cuentas se ponía 1 dólar de importación como 1 peso cubano convertible. A partir de que ocurra la devaluación tendrá que poner 1 dólar de importación igual a un peso cubano convertible por la tasa de cambio que se establezca. Si la tasa es 10 por 1, entonces el costo no será de 20 pesos, sino de 200… ¿cómo enfrenta una empresa semejante subida de costos? Subiendo precios. ¿Quién paga los precios? La población.

A mi juicio, una de las razones por las que el gobierno no ha ido más apurado en este punto es porque el efecto social puede ser muy duro, y hay que prepararse para ese momento.

4- ¿Qué podría hacer el gobierno para asumir la devaluación sin shocks sociales?
Lo primero que hay que tener es reservas internacionales suficientes en divisas, no solo para poder soportar un incremento de la demanda de productos de consumo, sino también para subsidiar a las empresas que sufrirán pérdidas con la devualuación del peso convertible.

A mi juicio lo más importante es transparentar las relaciones entre las empresas cubanas, para saber cuáles son eficientes y cuáles no, y darle una solución de acuerdo a nuestras ideas y nuestros conceptos a las empresas que no serán eficientes, porque algunas tendrán que cerrar.

Después que se produzca la devaluación, las empresas van a reaccionar y se volverán más eficientes y generarán empleo, pero eso toma tiempo y mientras tanto la gente seguirá viviendo y tendrá necesidades vitales que satisfacer.

5- ¿Cómo podríamos ilustrar el efecto de la devaluación en este caso del CUC, cuando desaparezca o se ponga a un nuevo precio con respecto al CUP?

Cuba tiene un grave problema de producción y productividad y una parte del incremento de la demanda debe ser cubierto con importaciones.

El riesgo de no tener un sector productivo robustecido o suficientes reservas internacionales es que al devaluar el CUC en la tasa “extraoficial” (la de CADECA), cuando el precio del CUC cambie, digamos, de 24 a 15 CUP, es que en ese caso los 600 pesos del salario de los cubanos ya no serán 600, sino que adquirirán la capacidad de compra en el mercado (que funcionaba en CUC) de 1000 pesos; o sea, pagarán menos CUP para adquirir CUC o comprar directamente a los precios en CUC.

Como las personas viven con niveles de consumo muy bajos, no van a ahorrar, sino que acudirán de inmediato a las tiendas para satisfacer sus necesidades contenidas. Y para tomar esa medida entonces habrá que tener capacidad para surtir los mercados, porque si no podría producirse un desabastecimiento inmediato, una especulación brutal y una inflación tremenda.

6- ¿Qué ideas podrían ponerse en práctica para volver más eficiente la economía y llegar más pronto a un momento donde se pueda proceder a la unificación?

En el segmento empresarial, por ejemplo, se pueden bajar costos de intermediación, porque el sector productivo cubano está muy mediado por otras empresas que no agregan valor a los productos o servicios.

Se podría rescatar el sistema de consignaciones de mercancías extranjeras en Cuba: las empresas extranjeras pondría sus mercancías en puerto y el país solo las pagaría una vez que efectivamente las compre. En los últimos años se ha obligado a la empresa cubana a estar llenando constantemente sus almacenes de mercancías para poder producir, y eso significa traspasarle costos de almacenamiento a la empresa cubana. Una parte de ellos podrían reducirse.

El Turismo no tendría, por ejemplo, por qué comprar determinada cantidad de contenedores de pollos para sus hoteles, si se dejara que una gran productora de pollos tuviera almacenes en Cuba. El costo del traslado al país correría por la empresa extranjera y la parte cubana solo tendría que comprar lo que realmente necesita.

Otra medida podrían ser que se le permita a los campesinos comprar equipos con los dineros que tienen en pesos cubanos y que los compren de manera directa, contra una tasa de cambio que garantiza que el país no pierda pero que estímulo la producción agrícola vía incrementos de productividad; pero también se podrían crear grandes almacenes de comercio al por mayor, gestionados por empresas mixtas del estado cubano con cadenas extranjeras, donde la gente pueda ir a comprar a bajos precios.

Son algunas de las medidas no monetarias que podrían ayudar a reducir los costos de todo el proceso de la unificación monetaria y cambiaria.



Foto: Roberto Ruiz.

7- ¿Podrían darse los saltos productivos que necesita Cuba sin emplear créditos externos?
Algunas medidas no tendrían que esperar por créditos, pero tomaría mucho tiempo dar los saltos productivos que necesitamos con nuestras propias reservas. Necesitamos apoyo financiero externo. No es totalmente imprescindible, pero ayudaría de forma significativa. Cuba no tiene suficiente ahorro interno, una dinámica mayor de la economía requerirá nuevas líneas de crédito. De ahí la importancia de haber logrado una renegociación tan beneficiosos de las deuda externa.

No obstante, aquí lo que hay que decir primero es que Cuba no ha podido entrar ni al Banco Mundial ni al Fondo Monetario Internacional por el bloqueo norteamericano. Para entrar a esas instituciones el país debe mostrar sus cuentas, porque esas instituciones las fiscalizan. Y es muy difícil para un país que está bloqueado, perseguido, mostrar sus cuentas.

Un país como Cuba, que debe luchar contra las sanciones (extraterritoriales también) de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del departamento del Tesoro norteamericano todo el tiempo; no puede ser tan inocente.

No obstante, debido al éxito en la renegociación de la deuda externa el país está en mejores condiciones para recibir líneas de crédito y ya puede empezar a pensar en el asunto del fin de la dualidad y cambiaria de otra manera.

8- ¿Y qué papel podrían jugar las remesas en ese salto productivo y financiero que necesita la Isla?
Por concepto de remesas entran al país entre 2000 a 2500 millones de USD cada año, según estimaciones. Ningún sector de la economía cubana, excepto la exportación de servicios médicos, genera esa cantidad de divisas frescas, dinero neto, usable inmediatamente.

Una parte de las remesas impacta de forma directa en la demanda de consumo, porque entra para satisfacer necesidades diarias de las personas. Esa parte de las remesas ayuda a la dinámica de la economía nacional pues permite que las empresas importen para producir y responder a la demanda interna. Con un sector productivo más eficiente, dinámico, complementario, este podría ser un factor más estimulante para incrementar la capacidad productiva en Cuba.

Hoy lo nuevo que está ocurriendo es que las remesas van a inversión privada o a bienes de consumo directo. Si va a inversión privada, es el mismo proceso: quien quiera montar un restaurante deberá comprar materiales de construcción cubanos, contratará un albañil…etc.

Si tuviéramos un buen sistema productivo, una parte importante de esas demandas que se satisfacen con las remesas serían cubiertas con productos y servicios cubanos, pero como no es, lo que ocurre es que gran parte de la demanda se convierte en importaciones y el dinero que entró a Cuba termina en China o en cualquier otro lugar.

9- ¿En la eventual devaluación, serán afectados los receptores de remesas en Cuba?
Quien hoy recibe remesas, digamos 100 CUC por mes, está recibiendo 2400 pesos cubanos (seis veces el salario promedio), una cantidad de dinero con la cual puede dialogar con el mercado agropecuario y con el marcado en divisas. Si la tasa baja a 20 pesos, habrá perdido 400 pesos.

Desde una perspectiva general, las remesas hacia Cuba no deben verse muy afectadas. Quizás se verán afectadas las familias en Cuba que reciben remesas en un primer momento. Si después aparece un mecanismo de corrección de precios, la afectación podría ser menor.

¿Cuál sería un mecanismo de corrección de precios? La reciente rebaja de los precios en las tiendas recaudadoras de divisas es uno de ellos.
Cuba puede seguir bajando los precios de las tiendas en divisas, porque el diferencial de precios con la región y con los costos de los artículos es muy grande todavía en algunos de esos renglones (de hecho, esa una de las razones objetivas que ha propiciado ese comercio informal basado en las llamadas “mulas”).

Yo no creo que tengamos muchas potencialidades para evitar esa afectación. Eso va a ser un efecto negativo en el corto plazo, que se corregirá con la recuperación de la eficiencia y la productividad en el mediano en el largo plazo.

10- ¿Qué le recomienda a las familias cubanas para que no sientan miedo de una repentina devaluación del peso?
Lo primero es que tengan confianza en lo que ha dicho el presidente del país: se va a respetar la capacidad adquisitiva del CUC, en cuentas bancarias o en efectivo, porque hay antecedentes de que así se ha hecho

Mi otra recomendación es que, si ya se ha dicho que el peso cubano será la moneda que quedará en circulación y usted genera cierta cantidad de dinero para ahorrar, ponga sus ahorros en CUP.

Unificar las monedas no es lo más significativo, lo significativo será unificar las tasas de cambio. Será un proceso que generará tensiones, sin dudas, pero es necesario, inevitable, si queremos andar por una senda segura donde realmente se pueda saber quién es productivo y eficiente y quién no.

lunes, 4 de abril de 2016

Sobre Las causas de las cosas, de Desiderio Navarro: Contra la herejía

x Julio César Guanche
La abrumadora mayoría de los intelectuales no hacen sino otra cosa que reproducir la hegemonía del propio sistema

Palabras leídas en el Sábado del Libro, Instituto Cubano del Libro, en la presentación de Las causas de las cosas, de Desiderio Navarro, el 3 de febrero
I.
El 8 de mayo de 1794 Antoine-Laurent de Lavoisier, padre de la Química moderna, fue guillotinado en Francia. El presidente del tribunal sancionador argumentó la sentencia con esta frase: "La Revolución no tiene necesidad de sabios".
Por este camino, la misma Revolución que había visto allanado su arribo por décadas de una actividad política e intelectual -actividad también de sabios y de poetas- que había socavado radicalmente el orden cultural medieval, esa misma Revolución, una vez abocada a la necesidad de constituir un poder revolucionario, no comprendía que ella misma procedía también del saber, que la Toma de la Bastilla habría sido impensable sin la Enciclopedia, El contrato social, y la idea de los derechos naturales del hombre construida por la Ilustración.
Una revolución reformula el campo del saber, sus temas y procedimientos, así como cambia la naturaleza de quienes lo producen, el marco de su actuación y expresión, y la propia filosofía de su existencia. Sin embargo, las estrategias por las cuales la llamada "Inteligencia" puede adherir políticamente el proyecto socialista, y hacerse parte constitutiva de él, poseen la historia propia de los melodramas.
El ensayo de Desiderio Navarro "In medias res publicas", contenido en Las causas de las cosas, esboza todo un libro sobre este tema no escrito en Cuba. El texto se integra a una tradición que en la Isla tiene entre sus mejores exponentes a Ernesto Che Guevara, Alfredo Guevara, Roberto Fernández Retamar y Ambrosio Fornet, y que en años más recientes ha sido continuada, entre otros, por Jorge Luis Acanda y Rafael Hernández.
A esta tradición específica no le interesa tanto una "historia de la intelectualidad’ como la de conquistar una definición en torno a cuáles deben ser las relaciones entre política y cultura dentro de un proceso revolucionario.
II.
El marxismo de Desiderio Navarro, que antes hemos visto desplegarse en obras como Cultura y marxismo: problemas y polémicas y Ejercicios del Criterio, amén de su labor de edición, traducción y crítica que supone la simpar revista Criterios, conduce primero a complejizar el entendimiento sobre la relación entre política y cultura.
Para empezar, deberíamos saber que hablar de "política" y de "cultura", de "poder" y de "saber", como esferas independientes entre las cuales ha de mediar una relación política, es comprender muy mal el asunto.
Ello, por ejemplo, conduce al equívoco de considerar a los intelectuales per se como "la mala conciencia", la "conciencia crítica" del sistema, cuando la abrumadora mayoría de los intelectuales, en su más amplia acepción, no hacen sino otra cosa que reproducir la hegemonía del propio sistema, sea en las cátedras universitarias, las escuelas primarias, los tribunales de justicia o el trazado urbanístico de las calles.
Por ese marxismo sabemos que poder y saber, política y cultura, son instancias que, lejos de oponerse, y de marchar por caminos independientes, se fundan mutuamente, se producen una a la otra en el marco de una unidad que las constituye dentro de los límites planteados por la definición del sistema.
De hecho, cuando la política y la cultura aparecen "ante nuestros ojos" como diferentes, nos encontramos ante una crisis de hegemonía, en el sentido gramsciano, pero no ante la separación de una y otra.
Ahora bien, comprender el problema de esta manera significa lo mismo que en el lenguaje popular quiere decir "tirarse de barriga"; esto es, tocar la política con las manos, corriendo el riesgo, siempre presente, de quemarse los dedos.
Precisamente, es esto lo que hace Desiderio Navarro en "In medias res publicas".
III.
En una entrevista hecha en los años noventa, Carlos Rafael Rodríguez decía: "Una de las características de la Revolución cubana es que los "teóricos" de ella no han estado precisamente en Cuba, sino fuera del país y, por consiguiente, hemos sido sometidos a toda clase de tergiversaciones caprichosas. A veces en nombre de una falsa amistad y otras veces con amistad verdadera, pero con una mala comprensión de nuestra realidad’.
La pregunta que para mí emerge de esa aseveración es: ¿y por qué los teóricos de la Revolución, que Carlos Rafael Rodríguez reclamaba a la altura de los años noventa, no habían surgido todavía en Cuba?
La respuesta, según entiendo, está muy bien explicada en el ensayo de Desiderio Navarro. Las exigencias que se le hacen a un texto sobre este tema son tantas, en cualidad y cantidad, que lo convierten, de entrada, en un texto extremadamente difícil de escribir.
Según el también director del Centro Teórico Cultural Criterios, en esa idea, la obra de temática social "ha de ser un microcosmos en el que no se puede omitir nada. Así, se condenan tajantemente las intervenciones críticas porque se concentran en revelar lo negativo y no presentan del todo o en su magnitud real () lo positivo que existe en la sociedad al lado de lo negativo criticado".
No se trata, entonces, de escribir tal "teoría" sobre la Revolución, sino de fijar las condiciones en que las teorías, o sea, las ideas y las prácticas con que ellas se relacionan, podrían escribirse, discutirse, y participar de la construcción de la ideología y la política.
IV.
Jean Paul Sartre aseguraba que la libertad de escribir comprendía la libertad del ciudadano. En este plano se coloca Desiderio Navarro para pensar la historia de la política cultural y, en general, la historia de las políticas hacia la cultura, en la acepción más general de esta última.
En este ensayo, escrito en el año 2000, Desiderio ya había situado problemas que han aflorado en la discusión sobre la política cultural del país generada en días recientes.
Desde esa fecha, aunque él y otros lo habían hecho también desde mucho antes, Desiderio había alertado sobre la instrumentación política de la memoria y del olvido, que entre otras cosas hace posible el "lavado de biografías", el "travestismo ideológico" y el "reciclaje de personajes de línea dura".
Hasta hace apenas unos días, hablar en público, investigar y escribir sobre tal período era considerado, por decirlo con levedad, "un tabú", cuando no una ingenuidad o un servicio prestado al enemigo, aunque también muchos lo utilizaron, sin rigor, apenas como un medio para epatar, o considerándolo como si fuese lo único importante habido en la historia cultural cubana posterior a 1959.
La realidad de hoy demuestra que siempre la historia toma venganza por sus silencios, y que la verdad, toda la verdad, es revolucionaria.
Walter Benjamín tenía razón cuando afirmaba que "solo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado. Lo cual quiere decir: solo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos".
Con el autor de las "Tesis sobre la Historia" sabemos que ello solo puede provenir de la política revolucionaria. Lo que ha pasado en los últimos días, si consigue al fin que ese pasado se haga citable, nos habrá hecho, tanto a las víctimas como a los victimarios de entonces, pero sobre todo a todos nosotros, ciudadanos de Cuba, más libres para vivir, pensar y soñar dentro de este país, y para hacerlo con la Revolución.
V.
Las posiciones de hoy de Desiderio Navarro -las que se plasman en este libro, y en sus emails que son, más que cartas, ensayos- son, hasta donde sé, muy parecidas a las que viene sosteniendo desde hace más de treinta años.
Desiderio -con lo que, con su permiso, llamaré "su lengua larga"- seguramente ha creado más de dos problemas, pero sobre todo ha contribuido a identificar, a explorar, a definir, a sacar a la luz muchos problemas -desde una ética anticapitalista y anticolonialista, y con una lucidez que se encuentra bastante fuera de lo común-, y el modo en que es posible resolverlos con salidas revolucionarias.
Por supuesto, la reflexión contenida en este libro no es solo útil por la coyuntura. Su análisis se inscribe en una reflexión mayor sobre la historia y el futuro del socialismo.
Para encontrar las "causas de las cosas", nos dice el autor del título, es imprescindible interrogar tanto al pasado como la forma en que él está contenido en el presente.
Nada de lo que describe Desiderio Navarro como instrumentos de limitación de la intervención crítica del intelectual existe en un vacío social, como él le llama, ni sus ejecutores gozan del estatus propio de diablos y de ángeles, esas almas sin cuerpo.
Virgilio Piñera aseguraba en septiembre de 1959: "Por más que me rompa la cabeza no encuentro un criterio o un paradigma para el "pesaje" moral de una obra literaria."
Sin embargo, si bien esto es cierto, no agota todo el problema. Detrás de las distintas formas de "pesar" la producción intelectual, subyacen siempre modos distintos de comprender la política, la ideología, la cultura, y con ellas, las propias definiciones de qué es la Revolución, que han cohabitado siempre contradictoriamente en su seno.
Lo que se está discutiendo en este libro, y en los debates de los cuales él es parte, tiene larga data, en Cuba y fuera de ella.
Las polémicas que se verificaron en la Isla, por ejemplo, en los años sesenta ya se discutieron desde presupuestos parecidos a los que encontramos hoy en el campo cultural cubano. Por ello, son relevantes no solo como un favor a la memoria sino como política hacia el presente.
Pongo solo tres ejemplos.
La polémica económica sostenida, entre otros, por Ernesto Guevara y Carlos Rafael Rodríguez entre 1963 y 1964 ponía en discusión la economía política del socialismo, la propia teoría marxista, el espacio para el debate de las opciones revolucionarias, y el modelo político sobre el que debía asentarse la construcción de una economía socialista.
La confrontación entre Blas Roca y Alfredo Guevara en 1963 alrededor de la exhibición cinematográfica traía a debate la validez de un espacio de discusión, con acuerdos y desacuerdos, entre los revolucionarios; la necesidad, tanto de la Revolución como de los intelectuales, de hablar sobre "lo inédito y lo ignoto", sobre lo no sancionado por las interpretaciones académicas o políticas, de proponer otro rumbo a esas interpretaciones, de criticar lo existente, de imaginar otras posibilidades y de crear las formas de expresarlo; así como la defensa de la necesaria especificidad del discurso artístico, la discusión sobre qué debe consumir el público, y la diferencia entre la educación y la cultura.
En la llamada "polémica de los manuales", verificada en 1966, una zona de los contendientes criticaba a la otra su negación "del carácter marxista de los manuales, su cuestionamiento a la posibilidad de sistematizar el marxismo, y su hacer de la duda un elemento connatural del pensamiento". Cuando la parte así increpada ripostó que su crítica al "manualismo" se basaba, sobre todo, en que el tipo de sistematización recogida en los manuales se había realizado bajo "una política estricta de regimentación cultural", colocaba ya la polémica en pleno territorio de la crítica a la política soviética.
No es difícil reconocer cómo todas esas discusiones pueden desembocar en el presente.
VI.
Con todo, este presente tiene muchas aristas.
La interpretación de los fenómenos culturales, el marco de su comprensión, ha sido siempre el territorio de batallas campales. En esas batallas el imaginario del capitalismo dominante ha conseguido grandes y duraderos éxitos: acuñar determinados mitos como si se tratase de certezas imbatibles.
Así, buena parte de la historia jacobina de la Revolución francesa está hegemonizada por la imagen del Terror, que si bien fue efectivamente "terror", y "hay que decirlo", también es necesario decir que ocasionó menos muertes que cualquiera de las represiones de las rebeliones campesinas infligidas por la "eterna majestad real".
No se trata aquí de comparar la vida de un hombre con la de un millón de hombres (pues el argumento que justifica la muerte de un hombre justifica la muerte de un millón, como decía Luis Britto García), sino de recordar cómo la historia del Terror Rojo cuenta con miles de libros y la historia del Terror Blanco lucha por aparecer solitaria en algún anaquel de biblioteca.
Por ese mismo procedimiento se ha elaborado por el saber orgánico del capitalismo la imagen de que todas las revoluciones son solo émulas de Saturno, el dios que devoraba a sus hijos.
Como ese horror tiene "solución de continuidad’ y todo va a concluir en un escalón peor, en una nueva vuelta de tuerca de esa "máquina que se aceita", la imagen de la relación entre los intelectuales y el poder dentro de los procesos revolucionarios está también poseída, no sin razón pero sin alternativas, por el rostro diabólico de la regimentación del saber, como si fuese la única regimentación existente del saber y el régimen capitalista fuese el páramo de la Inteligencia sin reglamentación.
Ciertamente, la historia oficial de la relación entre el saber y el poder, entre el intelectual y la política, construida a lo largo de siglos por el capitalismo hegemónico, es borrada cada amanecer, como los periódicos de la novela de Orwell, y sobrescrita siempre, en puridad de su corrección, en el "libro blanco" de la historia.
En rigor de verdad debería discutirse cómo el discurso intelectual, incluso buena parte del más progresista o revolucionario de hoy, está dominado en sus coordenadas más generales por una representación sobre el intelectual y sobre su relación con la política que constituye uno de los triunfos obtenidos a sangre y fuego en los campos de batalla de la Guerra Fría: la destrucción y el desprestigio de la noción de "intelectual comprometido", como hija del totalitarismo colectivista, a favor de la libérrima "autonomía" del intelectual "no sometido a otra jurisdicción que su propia conciencia", que se hace el favor de no preguntar jamás nada a nadie situado "fuera de su conciencia".
VII.
Hace años Perry Anderson aventuró la tesis de que desde la Reforma de Lutero el mundo nunca estuvo tan desprovisto de alternativas respecto al orden dominante. Si bien podría ser verdad, es necesario también practicar un reconocimiento: la única forma de que no existan alternativas es haber destruido todas las existentes. No obstante, acaso es viable encontrar modos de entender el problema que escapen a esa lógica prisionera.
A ello alude Desiderio Navarro cuando critica la tesis, presentada bajo diversos ropajes, de que los intelectuales "solo deben referirse a problemas artístico-literarios".
Manuel Moreno Fraginals, en su alegato marxista de "La historia como arma", criticaba a aquellos que reducían el trágico año de 1834 a una polémica entre el cubano Saco y el español Tacón y dejaban fuera del análisis "las figuras silenciosas de medio millón de esclavos -cinco años de promedio de vida en la plantación, 16 horas diarias de trabajo, sangrientas sublevaciones y la inversión económica de centenares de millones de pesos".
De eso se trata: de entender cualquier problema cultural, no como la discusión entre dos o tres intelectuales, sino como la necesidad de conservar la preocupación social en cualquier debate cultural y, asimismo, indagar en las condiciones económicas, políticas, espirituales, sociales, en fin, que existen junto a ese problema, para colocarse así en posibilidad de abarcarla en su totalidad.
VIII.
En "In medias res publicas" Desiderio habla de las restricciones a la intervención del intelectual en la esfera pública, provenientes de la Razón de Estado que resume de este modo: "no conviene, o no se debe permitir, la crítica social porque el enemigo podría aprovecharse, porque el pueblo no tiene la preparación necesaria, o porque se pondría en riesgo la unidad necesaria para la supervivencia".
Por más que lo parezca, no es un problema irresoluble. De hecho, debemos recordar que cuenta con experiencias triunfantes en el campo revolucionario.
Lenin, en 1917, sin esperar el momento de "madurez revolucionaria", organizó la huelga. Tres años después era el líder del partido de la clase obrera sin clase obrera, pues esta casi había sido extinguida durante la guerra civil. Luego organizó un Estado debiendo empezar a crear su propia base política.
Slavoj Zizek puso el dedo en la llaga: "Con Lenin, como con Lacan, el punto está en que la revolución solo puede ser autorizada por ella misma". No es que las condiciones permitan o "autoricen la posibilidad’ de la Revolución, sino que esta captura una posibilidad y lucha por afirmarla.
Esto podría decirse quizás de este modo: si las condiciones no permiten a los revolucionarios ser reformistas, entonces acaso debamos ser radicales.
IX.
La esfera pública es fundamental en este ensayo de Desiderio Navarro porque ella es el espacio de la política, única instancia de decisión colectiva posible.
La existencia de una esfera pública como escenario de constitución de la política remite a dos planos de análisis: el filosófico y el político.
En el primer plano, conduce a reconsiderar la autonomía respectiva de los ámbitos de lo estatal, lo social y lo individual, así como el marco de su confluencia.
El segundo plano, el político, remite a entender el hecho de no viabilizar un debate abierto de posiciones comprometidas con la Revolución, de no buscar consensos a partir de la expresión de contradicciones socialistas, y de no debatir formas diferentes de concebir los problemas y las soluciones revolucionarias precisamente como una pérdida de posibilidades revolucionarias.
Una Revolución puede encontrar en la esfera pública -que pone "constantemente a prueba los límites de sí misma y vuelve continuamente sobre sí"- la instancia instituyente de lo revolucionario: no la condición del "peligro" nacido de revelar sus problemas y carencias -aún en medio del escenario de "plaza sitiada" que es el hábitat natural de los procesos de cambio social-, sino la calidad de sus firmezas: Las soluciones revolucionarias se encuentran en la participación ciudadana.
X.
A la pregunta de José Stalin de por qué no aparecía un Tolstói soviético, Isaac Deustcher respondió que tal escritor no podía darse en un medio donde le fuera imposible decir: "No puedo callar".
Se trata de ejercer un deber y un derecho. De decir sí o no con la naturalidad con que respiramos. Se trata de conquistar todo el lenguaje. Se trata de reconocer que somos diversos. Se trata de conquistar una unidad que nos fortalezca y no que nos debilite. Se trata de afirmar una diversidad que no nos diluya en la impotencia.
Se trata de "la imaginación al poder" como la norma. Se trata de saber que heredamos, y que tenemos que considerar críticamente, luchas centenarias por la libertad, para asumirlas, pero también para repudiar a conciencia las tragedias habidas en su nombre.
No podemos ser socialistas sin discutir toda la crítica socialista, que empieza en el propio Marx y le sigue con mucha fecundidad hasta hoy. Como asegura Desiderio Navarro, se trata de ser marxistas en la cultura, y no en la ignorancia.
Se trata no de reclamar fórmulas "liberalizadoras", ni de buscar mayores "libertades" para un sector, sino de aspirar a ampliar cada día más el número de personas que puedan definir qué es lo revolucionario.
Se trata no de ser herejes sino de considerar la crítica como naturaleza en una cultura del socialismo. Se trata de ser ciudadanos, seres pensantes y actuantes.
Somos más libres porque ha existido una Revolución en Cuba. Por ser más libres, afirmamos que la Revolución tiene que ser la ampliación de cada nueva libertad conquistada.
Se trata de que ensayos como "In medias res publicas" sean monedas de curso corriente.
Se trata de considerar la crítica social, según aquí afirma Desiderio Navarro, no una amenaza para el socialismo, sino lo que es: su "oxígeno", su "motor"; una necesidad para la supervivencia y la salud del proceso revolucionario.
Ensayos como estos sirven para encantarnos y reencantarnos en el gusto, en el placer, en la lucidez de vivir de un modo revolucionario, de encontrar la belleza solo en la complejidad, de preocuparnos por el color del pasado, como dijo días atrás Desiderio, pero sobre todo por el color del futuro.
Texto completo en: http://www.lahaine.org/sobre_liglas_causas_de_las_cosasl_ig_de_