Por Jesús Adonis Martínez Peña
y Ariel Montenegro Valhuerdi
A juicio de muchos, la crítica sincera es la vía para visualizar los problemas y poder solucionarlos. Al parecer esta es una aspiración insatisfecha entre los universitarios de hoy.
Esta es una imagen común, casi recurrente. Un grupo de jóvenes universitarios, al salir de su facultad, discuten con pasión en una esquina cualquiera. Los temas se mueven desde el evento deportivo de ocasión y las ambiciones personales hasta la realidad cubana actual y el futuro de la Revolución. Las opiniones son múltiples, como la sociedad misma. Quizás no lleguen a un acuerdo. El propio acto de polemizar ya los define como actores sociales críticos.
Las universidades en el mundo entero se han caracterizado por constituir centros formadores de opinión y parte de la conciencia crítica social. En Cuba, particularmente la Universidad de La Habana (UH) —sobre todo a partir de los años 20 del pasado siglo—, posee una rica historia donde resaltan el enfrentamiento a los males de la República Neocolonial y una gran autonomía de pensamiento. A lo largo de estos años, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) ha desempeñado un papel relevante.
Después del triunfo revolucionario de 1959, en la Isla comenzó una democratización educacional y cultural que amplió la afluencia a las aulas universitarias. Surgieron nuevas casas de altos estudios y la composición de esta enseñanza se hizo más diversa.
Algo para debatir
En la escena universitaria, por supuesto, coexisten intereses generadores de opiniones e ideas acerca de asuntos medulares para la Cuba contemporánea, que normalmente deberían ser canalizados a través de la polémica.
Para Luis Gómez Suárez, máster en Ciencias Históricas e investigador de Políticas yMovimientos Juveniles, del Centro de Estudios sobre la Juventud (CEJ), «entre los universitarios hay una gran inquietud y se debate sobre los temas económicos, políticos y sociales de la actualidad. Por lógica es así, el estudiante de este nivel es un hombre o mujer que está accediendo a lo último del pensamiento mundial y que, como parte de ello, choca con los problemas que enfrentan la humanidad y el país. Eso lo lleva a debatir.
«La juventud universitaria tiene un alto nivel de cuestionamiento con disímiles matices. Este puede ser positivo o negativo, constructivo o destructivo; puede ser francotirador; originarse desde dentro de la Revolución, fuera de ella o sencillamente al margen», afirma el especialista.
En opinión del investigador, si bien en universidades tradicionales como la UH existe un mejor clima de debate que en las demás sedes, gracias a una cultura universitaria más arraigada y un mayor número de influencias, este es todavía insuficiente.
El debate mayormente prolifera en ámbitos informales, como grupos de amigos o compañeros de clases. Sin actas, presiones o compromisos institucionales fluye la discusión, pero muchas veces allí se queda, pues tampoco existen mecanismos para canalizar las inquietudes. Estos encuentros «no se rigen por ninguna regla, solo por las de la lógica y de las relaciones interpersonales», dice el máster en Ciencias Históricas.
Discusión en la brigada
Los universitarios cuentan con una organización que debe representarlos: la FEU. Sin embargo, en relación con esto todavía asoman inoperancias. «(...) cuando ante el VII Congreso (de la FEU) revisamos nuestro trabajo, concluimos, con espíritu crítico, que hemos dejado a un lado, por varias razones, los mecanismos que nos ayudan a conocer cómo piensa la gente, aunque en el fondo lo intuyamos», aseguró el presidente nacional de la Federación, Carlos Lage Codorníu, en una entrevista anterior para Alma Mater.*
En este sentido pesa la no existencia de una cultura del debate de apreciable magnitud en algunas brigadas, opina el especialista Gómez Suárez; y enfatiza que: «por el contrario, las organizaciones deben ser para potenciar la pluralidad de opiniones.
«Históricamente hablamos de la concepción del Che de crear un hombre nuevo. Pero no como con un cuño. Ese hombre debe caracterizarse, entre otras cosas, por su participación decisoria y por una capacidad crítica muy acentuada; porque para legitimar cualquier poder es necesario el consenso, al cual se llega mediante el debate», recalca el investigador.
«En mi facultad, aunque siempre estamos presionados por el estudio, sí se discute. Incluso acerca de temas que incumben a toda la sociedad. Se discute dentro de las organizaciones, pero mucho más a nivel de pasillo», opina Efrén González, estudiante de Biología de la UH.
Rubiel García, responsable de Cultura de la FEU Nacional, admite que no existe un hábito de debate extendido dentro de la organización estudiantil y que la polémica sobre temas estructurales y la realidad del país es muy limitada dentro de la misma. El intercambio predomina de un modo informal.
El dirigente juvenil señala que este fenómeno en la universidad es muy heterogéneo, puesto que «existe desigualdad en cuanto al aprovechamiento de las asambleas para ejercer la crítica».
No obstante, algunos centros han sabido implementar espacios de confrontación de ideas como La Cafetera, de la Facultad de Comunicación de la UH, o Viernes al Cine, del Instituto Superior de Diseño.
«El VII Congreso de la FEU fue diferente —asegura García—. A partir de lo discutido allí, nos propusimos fomentar el debate en todas las instancias desde una óptica de tolerancia y pluralidad, más en aquellas que, como las Sedes Universitarias Municipales, todavía no cuentan con estructuras sólidas. Debemos estar siempre en Congreso».
Por su parte, Sergio Gómez, estudiante de Periodismo de la UH, piensa que «no existe técnicamente una censura, más bien se da un fenómeno de autocensura, especialmente en los supuestos espacios de debate formal. Al menos en mi brigada funcionó la asamblea del Congreso para confrontar puntos de vista, pero estas ocasiones son esporádicas y me quedan dudas sobre la viabilización de los planteamientos.
«Por momentos los estudiantes se limitan al expresar criterios porque existe la nociva percepción —a veces certera— de que las ideas expuestas dentro de la Federación no son tomadas en cuenta o no llegan hasta los niveles donde se decide», considera Yenysleydy López Fernández, de 2doaño de Ingeniería Industrial en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría.
Estos factores —consideran varios entrevistados— no permiten la legitimación de la FEU comopromotora de la crítica constructiva. Por el contrario, provocan un sentimiento de falta de compromiso y distanciamiento de la organización.
¿Se es vanguardia en la vanguardia?
«Siempre encontramos militantes que no discuten, apáticos, pero no los considero apolíticos porque sí lo hacen de manera informal. Muchos dicen lo que piensan en las asambleas, lo que pasa es que si no encuentran receptividad por parte de los dirigentes, el comité puede tornarse disfuncional», opina Uris Ros Quincoces, secretaria ideológica del Comité Primario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de la UH y profesora de la Facultad de Biología.
«En términos generales, la universidad es heterogénea en cuanto a la implementación del debate: en algunas estructuras de base se discute activamente y en otras el panorama es bien distinto», comenta.
La situación resulta similar en la Facultad de Ciencias Médicas radicada en el hospital Calixto García. Daritza Díaz, de 5toaño de Medicina y jefa de Actividades de la UJC, expresa que «algunos atrevidos sí hablan» en las reuniones, sobre todo si se discute de problemas internos, pero predomina la polémica de pasillos, posiblemente por cierto escepticismo alrededor de las soluciones.
«La cuestión principal radica en cómo, incluso socialmente, somos muy dados a activar mecanismos de defensa y también en que los dirigentes, muchas veces, nos cegamos ante los problemas: una especie de autocensura», asevera Ros Quincoces.
El tratamiento de temas libres y la iniciativa de que la instrucción política pase a ser el centro de cada reunión mensual, constituyen, a juicio de esta profesora, resortes para dirigir el debate desde lo informal hacia el interior de la organización. Asimismo, se busca la reactivación de las escuelas políticas desde las instancias de base.
Sobre la falta de debate en el interior de organizaciones juveniles, el investigador Luis Gómez considera que «estas se han formalizado en exceso y los jóvenes no se sienten motivados para debatir en ellas. Se han convertido en medios para dar cumplimiento a determinadas tareas y orientaciones que emanan de niveles superiores y no brotan directamente de la participación colectiva».
Polémica para todos
De particular relevancia para fomentar el debate entre los universitarios son los medios de comunicación masiva dirigidos esencialmente a la juventud.
Para Yailín Orta Rivera, periodista de Juventud Rebelde, un medio periodístico para jóvenes debe ser «un facilitador, un mediador tan dinámico como su público». Allí la polémica ha de asumirse desde «la responsabilidad, la iniciativa, el diálogo y la voluntad creadora», puntualiza.
Sin embargo, «existe un distanciamiento entre el debate generado por el joven común y su reflejo en la prensa», opina Amaury del Valle, periodista del mismo diario yprofesor de la Facultad de Comunicación de la UH. «El solo hecho de tocar temas que puedan suscitar polémica no es suficiente: hay que darle continuidad a la discusión. Es necesario confiar más en el público para cambiar la unidireccionalidad de los mensajes», considera del Valle.
Los universitarios constituyen un sector especialmente apto para asumir el reto de polemizar y dialogar a través de los medios, gracias a la preparación cultural que aportan los estudios superiores. Así piensa el periodista de Prensa Latina, Carlos Morales Valido.
«De todas formas no hay por qué tomar la página como una tribuna. Se necesitan elementos sólidos, sutileza y equilibrio», concluye.
La situación de los medios vinculados con los universitarios no escapa a ciertas tendencias que tocan al Periodismo nacional y a toda la sociedad. Al respecto, el máster, Luis Gómez Suárez, manifiesta que «la cultura de la unanimidad nos ha dañado y nos sigue afectando bajo un falso concepto de unidad revolucionaria. Estamos a favor de esta, pero así no se logra realmente. Nuestros medios no polemizan, no discuten. Es muypoco el análisis crítico».
¿Y…?
«Este es un problema que trasciende a la Universidad. La sociedad en general (la familia, colectivos de trabajo, parejas) funciona de manera poco participativa y tolerante, o sea, las cosas van bien mientras hay igualdad de criterios, pero el debate de real calidad —que solo se da cuando los puntos de vista no son tan similares y cada parte asume que puede haber de valor en la otra— abunda poco», señala Idianelys Santillano, psicóloga e investigadora del CEJ.
Por su parte, Gómez Suárez aprecia que en nuestro caso «elfenómeno viene dado también por la situación del bloqueo norteamericano y la cultura de “plaza sitiada”, la lucha interna contra los enemigos de la Revolución y errores en la búsqueda de la necesaria unidad».
«…Nuestras críticas —advertía el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 17 de noviembre de 2005— suelen ser casi de un grupito, nunca acudimos a la crítica más amplia, nunca acudimos a la crítica en un teatro… si vamos a dar la batalla hay que usar proyectiles de más calibre, hay que ir a la crítica y autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, (…), en el municipio y después en el país».
«Debate perentorio», podría titularse hipotéticamente aquel discurso. Su escenario fue el Aula Magna de una universidad.
*Alma Mater, No. 426, julio de 2005.
Tomado de Alma Mater
y Ariel Montenegro Valhuerdi
A juicio de muchos, la crítica sincera es la vía para visualizar los problemas y poder solucionarlos. Al parecer esta es una aspiración insatisfecha entre los universitarios de hoy.
Esta es una imagen común, casi recurrente. Un grupo de jóvenes universitarios, al salir de su facultad, discuten con pasión en una esquina cualquiera. Los temas se mueven desde el evento deportivo de ocasión y las ambiciones personales hasta la realidad cubana actual y el futuro de la Revolución. Las opiniones son múltiples, como la sociedad misma. Quizás no lleguen a un acuerdo. El propio acto de polemizar ya los define como actores sociales críticos.
Las universidades en el mundo entero se han caracterizado por constituir centros formadores de opinión y parte de la conciencia crítica social. En Cuba, particularmente la Universidad de La Habana (UH) —sobre todo a partir de los años 20 del pasado siglo—, posee una rica historia donde resaltan el enfrentamiento a los males de la República Neocolonial y una gran autonomía de pensamiento. A lo largo de estos años, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) ha desempeñado un papel relevante.
Después del triunfo revolucionario de 1959, en la Isla comenzó una democratización educacional y cultural que amplió la afluencia a las aulas universitarias. Surgieron nuevas casas de altos estudios y la composición de esta enseñanza se hizo más diversa.
Algo para debatir
En la escena universitaria, por supuesto, coexisten intereses generadores de opiniones e ideas acerca de asuntos medulares para la Cuba contemporánea, que normalmente deberían ser canalizados a través de la polémica.
Para Luis Gómez Suárez, máster en Ciencias Históricas e investigador de Políticas yMovimientos Juveniles, del Centro de Estudios sobre la Juventud (CEJ), «entre los universitarios hay una gran inquietud y se debate sobre los temas económicos, políticos y sociales de la actualidad. Por lógica es así, el estudiante de este nivel es un hombre o mujer que está accediendo a lo último del pensamiento mundial y que, como parte de ello, choca con los problemas que enfrentan la humanidad y el país. Eso lo lleva a debatir.
«La juventud universitaria tiene un alto nivel de cuestionamiento con disímiles matices. Este puede ser positivo o negativo, constructivo o destructivo; puede ser francotirador; originarse desde dentro de la Revolución, fuera de ella o sencillamente al margen», afirma el especialista.
En opinión del investigador, si bien en universidades tradicionales como la UH existe un mejor clima de debate que en las demás sedes, gracias a una cultura universitaria más arraigada y un mayor número de influencias, este es todavía insuficiente.
El debate mayormente prolifera en ámbitos informales, como grupos de amigos o compañeros de clases. Sin actas, presiones o compromisos institucionales fluye la discusión, pero muchas veces allí se queda, pues tampoco existen mecanismos para canalizar las inquietudes. Estos encuentros «no se rigen por ninguna regla, solo por las de la lógica y de las relaciones interpersonales», dice el máster en Ciencias Históricas.
Discusión en la brigada
Los universitarios cuentan con una organización que debe representarlos: la FEU. Sin embargo, en relación con esto todavía asoman inoperancias. «(...) cuando ante el VII Congreso (de la FEU) revisamos nuestro trabajo, concluimos, con espíritu crítico, que hemos dejado a un lado, por varias razones, los mecanismos que nos ayudan a conocer cómo piensa la gente, aunque en el fondo lo intuyamos», aseguró el presidente nacional de la Federación, Carlos Lage Codorníu, en una entrevista anterior para Alma Mater.*
En este sentido pesa la no existencia de una cultura del debate de apreciable magnitud en algunas brigadas, opina el especialista Gómez Suárez; y enfatiza que: «por el contrario, las organizaciones deben ser para potenciar la pluralidad de opiniones.
«Históricamente hablamos de la concepción del Che de crear un hombre nuevo. Pero no como con un cuño. Ese hombre debe caracterizarse, entre otras cosas, por su participación decisoria y por una capacidad crítica muy acentuada; porque para legitimar cualquier poder es necesario el consenso, al cual se llega mediante el debate», recalca el investigador.
«En mi facultad, aunque siempre estamos presionados por el estudio, sí se discute. Incluso acerca de temas que incumben a toda la sociedad. Se discute dentro de las organizaciones, pero mucho más a nivel de pasillo», opina Efrén González, estudiante de Biología de la UH.
Rubiel García, responsable de Cultura de la FEU Nacional, admite que no existe un hábito de debate extendido dentro de la organización estudiantil y que la polémica sobre temas estructurales y la realidad del país es muy limitada dentro de la misma. El intercambio predomina de un modo informal.
El dirigente juvenil señala que este fenómeno en la universidad es muy heterogéneo, puesto que «existe desigualdad en cuanto al aprovechamiento de las asambleas para ejercer la crítica».
No obstante, algunos centros han sabido implementar espacios de confrontación de ideas como La Cafetera, de la Facultad de Comunicación de la UH, o Viernes al Cine, del Instituto Superior de Diseño.
«El VII Congreso de la FEU fue diferente —asegura García—. A partir de lo discutido allí, nos propusimos fomentar el debate en todas las instancias desde una óptica de tolerancia y pluralidad, más en aquellas que, como las Sedes Universitarias Municipales, todavía no cuentan con estructuras sólidas. Debemos estar siempre en Congreso».
Por su parte, Sergio Gómez, estudiante de Periodismo de la UH, piensa que «no existe técnicamente una censura, más bien se da un fenómeno de autocensura, especialmente en los supuestos espacios de debate formal. Al menos en mi brigada funcionó la asamblea del Congreso para confrontar puntos de vista, pero estas ocasiones son esporádicas y me quedan dudas sobre la viabilización de los planteamientos.
«Por momentos los estudiantes se limitan al expresar criterios porque existe la nociva percepción —a veces certera— de que las ideas expuestas dentro de la Federación no son tomadas en cuenta o no llegan hasta los niveles donde se decide», considera Yenysleydy López Fernández, de 2doaño de Ingeniería Industrial en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría.
Estos factores —consideran varios entrevistados— no permiten la legitimación de la FEU comopromotora de la crítica constructiva. Por el contrario, provocan un sentimiento de falta de compromiso y distanciamiento de la organización.
¿Se es vanguardia en la vanguardia?
«Siempre encontramos militantes que no discuten, apáticos, pero no los considero apolíticos porque sí lo hacen de manera informal. Muchos dicen lo que piensan en las asambleas, lo que pasa es que si no encuentran receptividad por parte de los dirigentes, el comité puede tornarse disfuncional», opina Uris Ros Quincoces, secretaria ideológica del Comité Primario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de la UH y profesora de la Facultad de Biología.
«En términos generales, la universidad es heterogénea en cuanto a la implementación del debate: en algunas estructuras de base se discute activamente y en otras el panorama es bien distinto», comenta.
La situación resulta similar en la Facultad de Ciencias Médicas radicada en el hospital Calixto García. Daritza Díaz, de 5toaño de Medicina y jefa de Actividades de la UJC, expresa que «algunos atrevidos sí hablan» en las reuniones, sobre todo si se discute de problemas internos, pero predomina la polémica de pasillos, posiblemente por cierto escepticismo alrededor de las soluciones.
«La cuestión principal radica en cómo, incluso socialmente, somos muy dados a activar mecanismos de defensa y también en que los dirigentes, muchas veces, nos cegamos ante los problemas: una especie de autocensura», asevera Ros Quincoces.
El tratamiento de temas libres y la iniciativa de que la instrucción política pase a ser el centro de cada reunión mensual, constituyen, a juicio de esta profesora, resortes para dirigir el debate desde lo informal hacia el interior de la organización. Asimismo, se busca la reactivación de las escuelas políticas desde las instancias de base.
Sobre la falta de debate en el interior de organizaciones juveniles, el investigador Luis Gómez considera que «estas se han formalizado en exceso y los jóvenes no se sienten motivados para debatir en ellas. Se han convertido en medios para dar cumplimiento a determinadas tareas y orientaciones que emanan de niveles superiores y no brotan directamente de la participación colectiva».
Polémica para todos
De particular relevancia para fomentar el debate entre los universitarios son los medios de comunicación masiva dirigidos esencialmente a la juventud.
Para Yailín Orta Rivera, periodista de Juventud Rebelde, un medio periodístico para jóvenes debe ser «un facilitador, un mediador tan dinámico como su público». Allí la polémica ha de asumirse desde «la responsabilidad, la iniciativa, el diálogo y la voluntad creadora», puntualiza.
Sin embargo, «existe un distanciamiento entre el debate generado por el joven común y su reflejo en la prensa», opina Amaury del Valle, periodista del mismo diario yprofesor de la Facultad de Comunicación de la UH. «El solo hecho de tocar temas que puedan suscitar polémica no es suficiente: hay que darle continuidad a la discusión. Es necesario confiar más en el público para cambiar la unidireccionalidad de los mensajes», considera del Valle.
Los universitarios constituyen un sector especialmente apto para asumir el reto de polemizar y dialogar a través de los medios, gracias a la preparación cultural que aportan los estudios superiores. Así piensa el periodista de Prensa Latina, Carlos Morales Valido.
«De todas formas no hay por qué tomar la página como una tribuna. Se necesitan elementos sólidos, sutileza y equilibrio», concluye.
La situación de los medios vinculados con los universitarios no escapa a ciertas tendencias que tocan al Periodismo nacional y a toda la sociedad. Al respecto, el máster, Luis Gómez Suárez, manifiesta que «la cultura de la unanimidad nos ha dañado y nos sigue afectando bajo un falso concepto de unidad revolucionaria. Estamos a favor de esta, pero así no se logra realmente. Nuestros medios no polemizan, no discuten. Es muypoco el análisis crítico».
¿Y…?
«Este es un problema que trasciende a la Universidad. La sociedad en general (la familia, colectivos de trabajo, parejas) funciona de manera poco participativa y tolerante, o sea, las cosas van bien mientras hay igualdad de criterios, pero el debate de real calidad —que solo se da cuando los puntos de vista no son tan similares y cada parte asume que puede haber de valor en la otra— abunda poco», señala Idianelys Santillano, psicóloga e investigadora del CEJ.
Por su parte, Gómez Suárez aprecia que en nuestro caso «elfenómeno viene dado también por la situación del bloqueo norteamericano y la cultura de “plaza sitiada”, la lucha interna contra los enemigos de la Revolución y errores en la búsqueda de la necesaria unidad».
«…Nuestras críticas —advertía el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 17 de noviembre de 2005— suelen ser casi de un grupito, nunca acudimos a la crítica más amplia, nunca acudimos a la crítica en un teatro… si vamos a dar la batalla hay que usar proyectiles de más calibre, hay que ir a la crítica y autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, (…), en el municipio y después en el país».
«Debate perentorio», podría titularse hipotéticamente aquel discurso. Su escenario fue el Aula Magna de una universidad.
*Alma Mater, No. 426, julio de 2005.
Tomado de Alma Mater