sábado, 15 de diciembre de 2007

¿CULTURA SIN DEBATE?

Por Jesús Adonis Martínez Peña
y Ariel Montenegro Valhuerdi

A juicio de muchos, la crítica sincera es la vía para visualizar los problemas y poder solucionarlos. Al parecer esta es una aspiración insatisfecha entre los universitarios de hoy.

Esta es una imagen común, casi recurrente. Un grupo de jóvenes universitarios, al salir de su facultad, discuten con pasión en una esquina cualquiera. Los temas se mueven desde el evento deportivo de ocasión y las ambiciones personales hasta la realidad cubana actual y el futuro de la Revolución. Las opiniones son múltiples, como la sociedad misma. Quizás no lleguen a un acuerdo. El propio acto de polemizar ya los define como actores sociales críticos.

Las universidades en el mundo entero se han caracterizado por constituir centros formadores de opinión y parte de la conciencia crítica social. En Cuba, particularmente la Universidad de La Habana (UH) —sobre todo a partir de los años 20 del pasado siglo—, posee una rica historia donde resaltan el enfrentamiento a los males de la República Neocolonial y una gran autonomía de pensamiento. A lo largo de estos años, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) ha desempeñado un papel relevante.

Después del triunfo revolucionario de 1959, en la Isla comenzó una democratización educacional y cultural que amplió la afluencia a las aulas universitarias. Surgieron nuevas casas de altos estudios y la composición de esta enseñanza se hizo más diversa.

Algo para debatir

En la escena universitaria, por supuesto, coexisten intereses generadores de opiniones e ideas acerca de asuntos medulares para la Cuba contemporánea, que normalmente deberían ser canalizados a través de la polémica.

Para Luis Gómez Suárez, máster en Ciencias Históricas e investigador de Políticas yMovimientos Juveniles, del Centro de Estudios sobre la Juventud (CEJ), «entre los universitarios hay una gran inquietud y se debate sobre los temas económicos, políticos y sociales de la actualidad. Por lógica es así, el estudiante de este nivel es un hombre o mujer que está accediendo a lo último del pensamiento mundial y que, como parte de ello, choca con los problemas que enfrentan la humanidad y el país. Eso lo lleva a debatir.

«La juventud universitaria tiene un alto nivel de cuestionamiento con disímiles matices. Este puede ser positivo o negativo, constructivo o destructivo; puede ser francotirador; originarse desde dentro de la Revolución, fuera de ella o sencillamente al margen», afirma el especialista.

En opinión del investigador, si bien en universidades tradicionales como la UH existe un mejor clima de debate que en las demás sedes, gracias a una cultura universitaria más arraigada y un mayor número de influencias, este es todavía insuficiente.

El debate mayormente prolifera en ámbitos informales, como grupos de amigos o compañeros de clases. Sin actas, presiones o compromisos institucionales fluye la discusión, pero muchas veces allí se queda, pues tampoco existen mecanismos para canalizar las inquietudes. Estos encuentros «no se rigen por ninguna regla, solo por las de la lógica y de las relaciones interpersonales», dice el máster en Ciencias Históricas.

Discusión en la brigada

Los universitarios cuentan con una organización que debe representarlos: la FEU. Sin embargo, en relación con esto todavía asoman inoperancias. «(...) cuando ante el VII Congreso (de la FEU) revisamos nuestro trabajo, concluimos, con espíritu crítico, que hemos dejado a un lado, por varias razones, los mecanismos que nos ayudan a conocer cómo piensa la gente, aunque en el fondo lo intuyamos», aseguró el presidente nacional de la Federación, Carlos Lage Codorníu, en una entrevista anterior para Alma Mater.*

En este sentido pesa la no existencia de una cultura del debate de apreciable magnitud en algunas brigadas, opina el especialista Gómez Suárez; y enfatiza que: «por el contrario, las organizaciones deben ser para potenciar la pluralidad de opiniones.

«Históricamente hablamos de la concepción del Che de crear un hombre nuevo. Pero no como con un cuño. Ese hombre debe caracterizarse, entre otras cosas, por su participación decisoria y por una capacidad crítica muy acentuada; porque para legitimar cualquier poder es necesario el consenso, al cual se llega mediante el debate», recalca el investigador.

«En mi facultad, aunque siempre estamos presionados por el estudio, sí se discute. Incluso acerca de temas que incumben a toda la sociedad. Se discute dentro de las organizaciones, pero mucho más a nivel de pasillo», opina Efrén González, estudiante de Biología de la UH.

Rubiel García, responsable de Cultura de la FEU Nacional, admite que no existe un hábito de debate extendido dentro de la organización estudiantil y que la polémica sobre temas estructurales y la realidad del país es muy limitada dentro de la misma. El intercambio predomina de un modo informal.

El dirigente juvenil señala que este fenómeno en la universidad es muy heterogéneo, puesto que «existe desigualdad en cuanto al aprovechamiento de las asambleas para ejercer la crítica».

No obstante, algunos centros han sabido implementar espacios de confrontación de ideas como La Cafetera, de la Facultad de Comunicación de la UH, o Viernes al Cine, del Instituto Superior de Diseño.

«El VII Congreso de la FEU fue diferente —asegura García—. A partir de lo discutido allí, nos propusimos fomentar el debate en todas las instancias desde una óptica de tolerancia y pluralidad, más en aquellas que, como las Sedes Universitarias Municipales, todavía no cuentan con estructuras sólidas. Debemos estar siempre en Congreso».

Por su parte, Sergio Gómez, estudiante de Periodismo de la UH, piensa que «no existe técnicamente una censura, más bien se da un fenómeno de autocensura, especialmente en los supuestos espacios de debate formal. Al menos en mi brigada funcionó la asamblea del Congreso para confrontar puntos de vista, pero estas ocasiones son esporádicas y me quedan dudas sobre la viabilización de los planteamientos.

«Por momentos los estudiantes se limitan al expresar criterios porque existe la nociva percepción —a veces certera— de que las ideas expuestas dentro de la Federación no son tomadas en cuenta o no llegan hasta los niveles donde se decide», considera Yenysleydy López Fernández, de 2doaño de Ingeniería Industrial en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría.

Estos factores —consideran varios entrevistados— no permiten la legitimación de la FEU comopromotora de la crítica constructiva. Por el contrario, provocan un sentimiento de falta de compromiso y distanciamiento de la organización.

¿Se es vanguardia en la vanguardia?

«Siempre encontramos militantes que no discuten, apáticos, pero no los considero apolíticos porque sí lo hacen de manera informal. Muchos dicen lo que piensan en las asambleas, lo que pasa es que si no encuentran receptividad por parte de los dirigentes, el comité puede tornarse disfuncional», opina Uris Ros Quincoces, secretaria ideológica del Comité Primario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de la UH y profesora de la Facultad de Biología.

«En términos generales, la universidad es heterogénea en cuanto a la implementación del debate: en algunas estructuras de base se discute activamente y en otras el panorama es bien distinto», comenta.

La situación resulta similar en la Facultad de Ciencias Médicas radicada en el hospital Calixto García. Daritza Díaz, de 5toaño de Medicina y jefa de Actividades de la UJC, expresa que «algunos atrevidos sí hablan» en las reuniones, sobre todo si se discute de problemas internos, pero predomina la polémica de pasillos, posiblemente por cierto escepticismo alrededor de las soluciones.

«La cuestión principal radica en cómo, incluso socialmente, somos muy dados a activar mecanismos de defensa y también en que los dirigentes, muchas veces, nos cegamos ante los problemas: una especie de autocensura», asevera Ros Quincoces.

El tratamiento de temas libres y la iniciativa de que la instrucción política pase a ser el centro de cada reunión mensual, constituyen, a juicio de esta profesora, resortes para dirigir el debate desde lo informal hacia el interior de la organización. Asimismo, se busca la reactivación de las escuelas políticas desde las instancias de base.

Sobre la falta de debate en el interior de organizaciones juveniles, el investigador Luis Gómez considera que «estas se han formalizado en exceso y los jóvenes no se sienten motivados para debatir en ellas. Se han convertido en medios para dar cumplimiento a determinadas tareas y orientaciones que emanan de niveles superiores y no brotan directamente de la participación colectiva».

Polémica para todos

De particular relevancia para fomentar el debate entre los universitarios son los medios de comunicación masiva dirigidos esencialmente a la juventud.

Para Yailín Orta Rivera, periodista de Juventud Rebelde, un medio periodístico para jóvenes debe ser «un facilitador, un mediador tan dinámico como su público». Allí la polémica ha de asumirse desde «la responsabilidad, la iniciativa, el diálogo y la voluntad creadora», puntualiza.

Sin embargo, «existe un distanciamiento entre el debate generado por el joven común y su reflejo en la prensa», opina Amaury del Valle, periodista del mismo diario yprofesor de la Facultad de Comunicación de la UH. «El solo hecho de tocar temas que puedan suscitar polémica no es suficiente: hay que darle continuidad a la discusión. Es necesario confiar más en el público para cambiar la unidireccionalidad de los mensajes», considera del Valle.

Los universitarios constituyen un sector especialmente apto para asumir el reto de polemizar y dialogar a través de los medios, gracias a la preparación cultural que aportan los estudios superiores. Así piensa el periodista de Prensa Latina, Carlos Morales Valido.

«De todas formas no hay por qué tomar la página como una tribuna. Se necesitan elementos sólidos, sutileza y equilibrio», concluye.

La situación de los medios vinculados con los universitarios no escapa a ciertas tendencias que tocan al Periodismo nacional y a toda la sociedad. Al respecto, el máster, Luis Gómez Suárez, manifiesta que «la cultura de la unanimidad nos ha dañado y nos sigue afectando bajo un falso concepto de unidad revolucionaria. Estamos a favor de esta, pero así no se logra realmente. Nuestros medios no polemizan, no discuten. Es muypoco el análisis crítico».

¿Y…?

«Este es un problema que trasciende a la Universidad. La sociedad en general (la familia, colectivos de trabajo, parejas) funciona de manera poco participativa y tolerante, o sea, las cosas van bien mientras hay igualdad de criterios, pero el debate de real calidad —que solo se da cuando los puntos de vista no son tan similares y cada parte asume que puede haber de valor en la otra— abunda poco», señala Idianelys Santillano, psicóloga e investigadora del CEJ.

Por su parte, Gómez Suárez aprecia que en nuestro caso «elfenómeno viene dado también por la situación del bloqueo norteamericano y la cultura de “plaza sitiada”, la lucha interna contra los enemigos de la Revolución y errores en la búsqueda de la necesaria unidad».

«…Nuestras críticas —advertía el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 17 de noviembre de 2005— suelen ser casi de un grupito, nunca acudimos a la crítica más amplia, nunca acudimos a la crítica en un teatro… si vamos a dar la batalla hay que usar proyectiles de más calibre, hay que ir a la crítica y autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, (…), en el municipio y después en el país».

«Debate perentorio», podría titularse hipotéticamente aquel discurso. Su escenario fue el Aula Magna de una universidad.



*Alma Mater, No. 426, julio de 2005.


Tomado de Alma Mater

LA VERDAD ENTRE TODOS

Por José Alejandro Rodríguez

La frase que preside esta celebración no es fortuita. Si algo ha oxigenado a la columna Acuse de Recibo en estos 10 años de existencia, ha sido buscar la verdad de la vida y las cosas sin distinciones ni parcialidades. Esta ventana desde la cual uno se asoma a la palpitante realidad del país, con sus luces y sombras, tiene un anchuroso espacio donde caben todos: los quejosos y molestos, esos que casi siempre invocan la propia virtud de la Revolución para reclamar sus derechos; los inquietos y pensantes; y también quienes son emplazados y deben responder reclamos, alertas y juicios de los demandantes.

A fin de cuentas, los funcionarios son también criaturas vivientes y sufrientes, más allá de su mayor o menor consecuencia con ese ideario humanista de la Revolución. Sí, una revolución que siempre conjugándolo todo en plural, tiene el desafío guevariano de descubrir todos los días, en los dramas individuales, qué falla y se entorpece en la urdimbre cotidiana; y sopesar cuándo las realidades gritan a viva voz que algo es inoperante y se vuelve como un boomerang contra los nobles propósitos.

No voy a decir ahora que nunca imaginé –ese lugar común en que se ha parafraseado hasta la saciedad el inicio de Cien Años de Soledad-, cuando Polanco aquella tarde gris, de ventiscas, me encomendó el timón de este proyecto. Claro que sí imaginaba todos los tropiezos que aparecerían en el camino; claro que íbamos a desafiar, con inteligencia, ética, decencia y valor, ajenos al francotirador desideologizado y descontextualizado, las resistencias de quienes en la esfera institucional, administrativa y empresarial, dirigen con excesivo sesgo verticalista y voluntarista; esos ciegos y sordos a los estados de opinión de la ciudadanía.

En estos 10 años, el colectivo que sostiene la columna Acuse de Recibo –más allá de la firma de este titular- ha tenido que blindarse de mucha tenacidad y de anticuerpos contra el desánimo y las resistencias. No han faltado huracanes, borrascas y vientos plataneros de aprensiones, prejuicios y acusaciones en esferas administrativas; como tampoco han escaseado los elogios y estímulos de personalidades, instituciones y de nuestros lectores, que son los verdaderos dueños y artífices de este espacio.

Si algo hemos alcanzado, es demostrar que una columna de este tipo puede sobrevivir y profundizar sus alcances ya irreversibles, en su contribución a un periodismo que demuestre su filiación revolucionaria en el tratamiento responsable y ético de tantos episodios de la vida cotidiana, donde se entrecruzan crudezas, sinsabores, emociones y sentimientos encontrados, errores, burocracia, torpezas y agudezas.

Acuse de Recibo ha sido también nuestro pequeño tributo a la democracia socialista, vista no como una exhortación retórica y consignista sin asideros en la praxis, si no vertebrada en el propio debate social, en la compleja urdimbre cotidiana. Sí, es la certeza de que no debemos dejarnos escamotear los espacios del juicio y de la crítica, los reflejos problémicos de la realidad, por intereses y manipulaciones ajenos a nuestras propias realidades. Es ese, a nuestro entender, el principal quilate ideológico de esta aventura diaria por los pasadizos de las contradicciones.

La columna es un puente, y solo ha perseguido la comunicación entre ciudadanos e instituciones, la enmienda justiciera y purificadora de las zonas tumefactas de la sociedad, y la rectificación de métodos erráticos, ineficacias, ineficiencias y mediocridades. La columna es una devota de la luz moral con que debe verse el rostro el país todos los días. Y en el sentido martiano es ecuménica y educativa. Pretende el mejoramiento humano de todos: los que preguntan y reclaman y los que responden y no siempre argumentan ni convencen.

Si ya vamos logrando que la respuesta mayoree por sobre los silencios institucionales, aún por delante nos queda el desafío de la calidad de esas respuestas: desterrar la formalidad, la simulación y la mentira en esa rendición de cuentas con el criterio ciudadano. El mandato de nuestros lectores nos impele a rechazar esos ardides y vicios con toda la elegancia posible, pero con toda la fuerza del argumento.

En esta expedición por ensanchar la democracia socialista –ora sosegada por las reflexivas calmas, ora tropelosa por las tormentas cotidianas, Acuse de Recibo no abandonará la nave ni la anclará. Y buscará la mejor brújula, la de la necesaria sabiduría y serenidad para nunca naufragar ni andar al pairo. Ese es nuestro compromiso con el país y con nuestros lectores.

Tomado de JR

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Sigamos siendo rebeldes

Palabras de Roberto Fabelo en en el ISA, con motivo de la entrega de la condición de Profesor Consultante y el diploma al Mérito Artístico a un grupo de artistas de la plástica


Hace muy poco pude ver las obras de un joven creador en las que el sujeto protagónico era la imagen de los legendarios barbudos rebeldes.
Aquella imagen más que evocación la percibí como la invocación a una rebeldía a veces perdida en la vorágine de todos los días, donde a menudo es incómodo y difícil ser rebelde y proceder en consecuencia con su carga de riesgos. Es obvio que es más cómoda la sumisión pero peligrosamente aniquiladora.

Fue la rebeldía la que convirtió este recinto de asueto de privilegiados en escenario de formación, desarrollo y creación artística y fue la rebeldía la que en su enfrentamiento a la autocomplacencia, propia y ajena, a la incompetencia, a las carencias y dogmas anestesiantes hizo más libre nuestro pensamiento en esa revolución que tempranamente conocimos dentro y fuera de nosotros mismos.

Hemos visto la vida como un proceso infinito de liberación en la búsqueda de una libertad que soñamos para todos como algo parecido a casi lo imposible en una lucha que a veces se nos presenta muy clara y nítida y otras confusa y abrumadora en toda su complejidad. Así se ha forjado también nuestra rebeldía.

En ese tránsito, en esa consecuencia de la verdad de todos y cada uno de nosotros hay aquí un grupo de creadores cuya obra y pensamiento no han perdido la rebeldía ni la imprescindible curiosidad por el nuevo conocimiento y por el riesgo necesario y han permanecido de una u otra forma, dentro o fuera de las aulas entregando sus mejores energías, vinculados al ISA en esa labor permanente de formación de nuevos talentos dando continuidad al desarrollo del arte y la cultura en nuestro país.Gracias a este centro que hoy reconoce a estos creadores al otorgarle la condición de Profesor Consultante y el diploma al mérito artístico que no solo les honra, sino que les advierte y les da crédito para seguir la contienda, para que en este mundo aún imperfecto, con causa y con cauce sigamos siendo rebeldes

Palabras de Inaguración del 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

Palabras de Alfredo Guevara, Presidente del 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, pronunciadas el 4 de diciembre, 2007, en el acto inaugural, teatro Carlos Marx


Hermanas, hermanos de América Latina
Cinéfilos todos

Envuelto en símbolos nos llega este, nuestro 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Es el 40 Aniversario de aquellos días en que en Viña del Mar, en Chile, sin saberlo, virtualmente, nos descubrimos Nuevo Cine, expresión de insurgencia, redefinición, búsqueda, renovación lingüística, parte, protagonistas de la historia; y 40 años hace de la caída de Che en Bolivia, y Che es la idea convertida en acto, la coherencia máxima. Se acerca el Aniversario 200 de la primera Independencia latinoamericana. Envueltos en símbolos estamos, y Cuba, que hoy les recibe, de ese entramado es parte. A un paso del 50 Aniversario de la Revolución cubana que en 1959 permitió declararnos territorio libre de América, isla de la segunda independencia y poco después, también, inapreciable símbolo como primer territorio libre de analfabetismo. Símbolos tantos que imperiosamente obligan.

Hace ahora dos años Fidel nos dijo, y era un 17 de Noviembre, que la Revolución pudiera no ser irreversible y lo hizo en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, ámbito e inspiración iniciática del pensamiento y la acción revolucionaria cubana, allí, ante la tumba del Padre Félix Varela que pensó y diseñó la patria antes de que existiese; ese milagro moral no reconocido y que vibra en el corazón de los cubanos. Recapacitemos, estamos inaugurando el 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y os hablo de Cuba. Es, hermanos, amigos, cineastas de un cine obligado a siempre renovarse, día a día y de generación en generación, que no tendríamos derecho a convocarles año y año desde este territorio libre de América, este, aquel en que la segunda independencia tuvo su inicio, si no fuésemos capaces de vibrar hacia la vida conmovidos desde sus cimientos. Permitidme entonces ya que tanta licencia he recorrido, decir desde esta tribuna, que aquel Mensaje que a tanto obligaba ha tenido respuesta y que todo nuestro pueblo, pronto liberado de muy absurdas trabas y las instituciones que soñamos aligeradas y desburocratizadas, hará primero el pueblo y harán tal vez las instituciones, si es que de veras se desburocratizan, harán, repito, digno el título sin el cual derecho a convocarles no tendríamos, el de revolucionarios, el de ciudadanos comprometidos en territorio de libertad e independencia. Fue aquel un Llamado a comprender alertas. Nos decía que el inmovilismo, la cristalización, el aceptacionismo, la indiferencia, el silencio voluntario o condicionado, ese acomodamiento a la rutina y la aceptación, conducen irremediablemente a la corrupción, la corrupción del alma, la más grave. Ser revolucionario será siempre afrontar la realidad como un reto y si necesario transformarla y si necesario transformarse.

No puedo dejar por eso de decirles, hermanos de América Latina, ¡hermanos!, que en Cuba, la que hoy les recibe, estamos replanteando, precisando, serena y agresivamente, a partir de los pronunciamientos de Raúl Castro el pasado 26 de Julio, ese proceso revolucionador de la Revolución cubana a que se nos llamara el 17 de Noviembre del 2005.

En este país os recibo otra vez en medio de esa conmoción casi volcánica que son las revoluciones cuando deciden serlo siempre, sacudir adherencias indeseables y hacerlo hasta la raíz. País en el que el saber tendrá que ser divisa; en el que ya es reservorio de potencialidades que quisieran ser garantía y posibilidad del ejercicio responsable y comprometido, y ejemplos de libertad y libertades.

Este proceso revolucionador revolucionario y potenciador al que Fidel llamara, nos resitúa en la época, nos salva, estoy seguro, de ese lento morir que puede y suele ser hermosa ceremonia y acción nula.

América Latina toda, aun donde no pase nada en apariencia, siembra alboradas. No sé si así lo aprecian las nuevas generaciones de cineastas que hoy con su presencia nos invaden. Ellos traen sus mensajes, nuevos y alentadores, o quién sabe, el Festival se inicia, al final veremos. Pero algo sé de entrada, no habrá indiferencia, de eso estoy seguro.

Años vienen que serán acaso de muy duros combates. La esperanza y los sueños y los logros no llegan nunca sin complejidades, sin el despliegue necesario y a veces hasta heroico de la sensibilidad y de la inteligencia, no llegan jamás sin enemigos, sin resistencia orquestada por el imperio, por las oligarquías. Será un reto y como tal exige refinar el pensamiento, profundizarlo, dotarlo de la expresión adecuada, descubrir los resortes no tan secretos de la historia en este instante, agotando los recursos en lucha sin cuartel frente al pensamiento único, tan bien infiltrado, sabia, sutilmente en las conciencias recolonizadas.

Se trata no de responder cerrando puertas, sino de dar paso al aire fresco que no es de las rendijas cuando llega. Se trata de responder con obra y obra, creadoramente para los artistas y para las instituciones con verdaderos diseños que puedan llamarse culturales. Es desde esta dimensión del alma, desde la cultura, que toca a los cineastas expresarse.

Estos tiempos tendrán en el nuevo cine de América Latina profetas, protagonistas, cantores, pioneros, descubridores, innovadores, personajes esos que sabrán siempre develar la esencia y convertirla en arte, en poesía. Es decir, y eso creo, en protagonistas de la eficacia.

Tantos, tantos, tantos símbolos obligan, y los que ya vamos pasando lo sabemos, creo, creemos, que hay sin vacilación, firmemente, que confiar en la joven generación latinoamericana, en ese pueblo joven, en sus intelectuales, en sus cineastas, ellos sabrán construir, ejercer, honrar la vanguardia de que parte serán en nueva época.

¡Bienvenidos a Cuba!, ¡Bienvenidos!

Declaro inauguradas las jornadas del 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.