miércoles, 5 de diciembre de 2007

Palabras de Inaguración del 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

Palabras de Alfredo Guevara, Presidente del 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, pronunciadas el 4 de diciembre, 2007, en el acto inaugural, teatro Carlos Marx


Hermanas, hermanos de América Latina
Cinéfilos todos

Envuelto en símbolos nos llega este, nuestro 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Es el 40 Aniversario de aquellos días en que en Viña del Mar, en Chile, sin saberlo, virtualmente, nos descubrimos Nuevo Cine, expresión de insurgencia, redefinición, búsqueda, renovación lingüística, parte, protagonistas de la historia; y 40 años hace de la caída de Che en Bolivia, y Che es la idea convertida en acto, la coherencia máxima. Se acerca el Aniversario 200 de la primera Independencia latinoamericana. Envueltos en símbolos estamos, y Cuba, que hoy les recibe, de ese entramado es parte. A un paso del 50 Aniversario de la Revolución cubana que en 1959 permitió declararnos territorio libre de América, isla de la segunda independencia y poco después, también, inapreciable símbolo como primer territorio libre de analfabetismo. Símbolos tantos que imperiosamente obligan.

Hace ahora dos años Fidel nos dijo, y era un 17 de Noviembre, que la Revolución pudiera no ser irreversible y lo hizo en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, ámbito e inspiración iniciática del pensamiento y la acción revolucionaria cubana, allí, ante la tumba del Padre Félix Varela que pensó y diseñó la patria antes de que existiese; ese milagro moral no reconocido y que vibra en el corazón de los cubanos. Recapacitemos, estamos inaugurando el 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y os hablo de Cuba. Es, hermanos, amigos, cineastas de un cine obligado a siempre renovarse, día a día y de generación en generación, que no tendríamos derecho a convocarles año y año desde este territorio libre de América, este, aquel en que la segunda independencia tuvo su inicio, si no fuésemos capaces de vibrar hacia la vida conmovidos desde sus cimientos. Permitidme entonces ya que tanta licencia he recorrido, decir desde esta tribuna, que aquel Mensaje que a tanto obligaba ha tenido respuesta y que todo nuestro pueblo, pronto liberado de muy absurdas trabas y las instituciones que soñamos aligeradas y desburocratizadas, hará primero el pueblo y harán tal vez las instituciones, si es que de veras se desburocratizan, harán, repito, digno el título sin el cual derecho a convocarles no tendríamos, el de revolucionarios, el de ciudadanos comprometidos en territorio de libertad e independencia. Fue aquel un Llamado a comprender alertas. Nos decía que el inmovilismo, la cristalización, el aceptacionismo, la indiferencia, el silencio voluntario o condicionado, ese acomodamiento a la rutina y la aceptación, conducen irremediablemente a la corrupción, la corrupción del alma, la más grave. Ser revolucionario será siempre afrontar la realidad como un reto y si necesario transformarla y si necesario transformarse.

No puedo dejar por eso de decirles, hermanos de América Latina, ¡hermanos!, que en Cuba, la que hoy les recibe, estamos replanteando, precisando, serena y agresivamente, a partir de los pronunciamientos de Raúl Castro el pasado 26 de Julio, ese proceso revolucionador de la Revolución cubana a que se nos llamara el 17 de Noviembre del 2005.

En este país os recibo otra vez en medio de esa conmoción casi volcánica que son las revoluciones cuando deciden serlo siempre, sacudir adherencias indeseables y hacerlo hasta la raíz. País en el que el saber tendrá que ser divisa; en el que ya es reservorio de potencialidades que quisieran ser garantía y posibilidad del ejercicio responsable y comprometido, y ejemplos de libertad y libertades.

Este proceso revolucionador revolucionario y potenciador al que Fidel llamara, nos resitúa en la época, nos salva, estoy seguro, de ese lento morir que puede y suele ser hermosa ceremonia y acción nula.

América Latina toda, aun donde no pase nada en apariencia, siembra alboradas. No sé si así lo aprecian las nuevas generaciones de cineastas que hoy con su presencia nos invaden. Ellos traen sus mensajes, nuevos y alentadores, o quién sabe, el Festival se inicia, al final veremos. Pero algo sé de entrada, no habrá indiferencia, de eso estoy seguro.

Años vienen que serán acaso de muy duros combates. La esperanza y los sueños y los logros no llegan nunca sin complejidades, sin el despliegue necesario y a veces hasta heroico de la sensibilidad y de la inteligencia, no llegan jamás sin enemigos, sin resistencia orquestada por el imperio, por las oligarquías. Será un reto y como tal exige refinar el pensamiento, profundizarlo, dotarlo de la expresión adecuada, descubrir los resortes no tan secretos de la historia en este instante, agotando los recursos en lucha sin cuartel frente al pensamiento único, tan bien infiltrado, sabia, sutilmente en las conciencias recolonizadas.

Se trata no de responder cerrando puertas, sino de dar paso al aire fresco que no es de las rendijas cuando llega. Se trata de responder con obra y obra, creadoramente para los artistas y para las instituciones con verdaderos diseños que puedan llamarse culturales. Es desde esta dimensión del alma, desde la cultura, que toca a los cineastas expresarse.

Estos tiempos tendrán en el nuevo cine de América Latina profetas, protagonistas, cantores, pioneros, descubridores, innovadores, personajes esos que sabrán siempre develar la esencia y convertirla en arte, en poesía. Es decir, y eso creo, en protagonistas de la eficacia.

Tantos, tantos, tantos símbolos obligan, y los que ya vamos pasando lo sabemos, creo, creemos, que hay sin vacilación, firmemente, que confiar en la joven generación latinoamericana, en ese pueblo joven, en sus intelectuales, en sus cineastas, ellos sabrán construir, ejercer, honrar la vanguardia de que parte serán en nueva época.

¡Bienvenidos a Cuba!, ¡Bienvenidos!

Declaro inauguradas las jornadas del 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

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