Por Miguel Sancho
La enajenaciones es un concepto central en la praxis liberadora y entenderlo a cabalidad abre la posibilidad de su superación, esta se asocia a una visión sesgada y parcializada de la realidad, no solo en el sentido economicista de, “separación de la masa asalariada de los productos de su propio trabajo”, la enajenación ha sido entre otras cosas la capacidad de legitimar, de construir el consenso alrededor de falsas dicotomías, asalariados-poseedores, economía-política, sociedad civil-sociedad política, teoría-práctica.La modernidad con el desarrollo de las ciencias y las disciplinas introdujeron una fragmentación en los objetos de estudios que llevaron a falsos divorcios, cuando lo necesario es construir desde diferentes visiones un conocimiento integrador. Ya en los trabajos de Gramsci se ve esa necesidad - hoy en boga- de lograr una transdiciplinariedad, que desarrollo en su filosofía de la praxis la cual centrada en el hombre y la sociedad unió supuestas divisiones entre antropología, sociología, filosofía, para así comprender de un modo íntegro el mundo y sus posibilidades de transformación.
Con todo esto quiero enfatizar que la enajenación es ante todo un fenómeno cultural, sustentado en las relaciones sociales (relaciones hombre-hombre más que hombre-cosa como sustento las lecturas economicistas del materialismo dialéctico subvirtiendo la teoría marxiana), relacionado con la reproducción de una concepción dada del mundo que es apropiada por diferentes grupos sociales.
Analicemos ahora el trabajo en cuestión, el hecho no está si se puede hablar o no de enajenación de los dirigentes, en nuestra sociedad persisten en todos sus estamentos elementos enajenados (aunque casi siempre se refieren a los jóvenes que sin dudas es uno de los grupos más vulnerable), negar esto significa negar la influencia de la sociedad capitalista al interior de la nuestra (tanto en su acumulación cultural desde ante de la revolución, como en su influencia actual en medio de la globalización), cuando esta basa su dominación en la enajenación. La cuestión es si precisamente se puede hablar de la dirigencia como un grupo, y en ese sentido que elementos culturales comparten y cuales tienden a una falsa aprehensión de la realidad. Creo que con toda razón podemos hablar de una cultura propia de hacer, una cultura de dirigir, en la que se identifican elementos comunes más allá de la diversidad que puede haber en este grupo (si en el agrupamos dirigentes administrativos, políticos y de masas), en esa cultura no solo hay una herencia de la sociedad capitalista, sino además del socialismo real. A cualquiera le resulta evidente cuantos elementos positivos hay en la forma de hacer política desarrollada por la revolución (incluso en comparación con todos los lugares y todos los tiempos).
Ciertamente queda mucho por hacer, si tratamos de describir algunos síntomas de esa enajenación podemos ver la separación o distanciamiento en algunos dirigentes del pueblo, la poca sensibilidad ante determinados problemas, subestimación de las masas, discursos apologéticos, las falsas justificaciones ante los problemas, repulsión a la crítica, autocensura, sentir que ellos encarnan la revolución y no todo el pueblo.
Todos esos elementos y otros son del campo de lo observable y lo importante es poder ir a la esencia a lo raíz a la causa de las cosas (enseñanza del marxismo y del ideario martiano), entender el problema solo como un problemas de prebendas, de elementos materiales, es simplificar el problema, claro que me gustaría que más dirigentes cogieran guagua, o fueran a los comedores, pero también es cierto que muchos de esos medios son necesarios en muchos casos para una adecuada gestión, por supuesto donde se pueda ajustar a lo necesario mejor (eso además va muy bien con la política de eficiencia que lleva el país). Está lectura de que lo material es lo que determina propia del marxismo ortodoxo, hace que perdamos siempre muchas luces.
Sin embargo hay otras causas que competen a los hombres y no son materiales, y van desde elementos estructurales: formas de organización, modo de selección de cuadros o “política de cuadros”, elementos de participación, rendiciones de cuenta, insuficiencia en la participación consiente para la elección al poder popular.
Mi intención no es difuminar con múltiples causas y argumentos esta realidad para demostrar impotencia o fatalidad ante este problema, sino entender que su superación solo es posible con un enfoque integral, en el que el tema material solo puede tener un impacto limitado (no estamos hablando de las grades carteras y recursos con que cuentan los políticos en otros países, ni de sus deformaciones). Es aquí quizás donde está uno de los mayores aportes de Fidel, entender la necesidad de una cultura general integral, para que el pueblo cuente con una visión integral de sociedad como principal arma desenagentante, y pueda ejercer su poder de forma más efectiva. O la importancia de multiplicar las actitudes ejemplares, consientes, al estilo (no igual) de lo que buscaba el Che con los trabajos voluntarios cuando hablaba de la necesidad de encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica (refiriéndose a momentos trascendentes de la revolución), cuando un dirigente cuenta con el reconocimiento de su ejemplo entre muchos que se sacrifican es menos posible que se enajene.
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