Por Fernando Luis Rojas
((Intervención de Fernando Luis Rojas López, presidente de la FEU de Ciudad de La Habana en la sesión plenaria y final del VII Congreso de la organización.))
El Congreso nos ha lanzado a debatir. Nos convocó Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Definir qué nos hace vulnerables constituye una invitación al análisis. Identificar nuestros retos pasa por conocernos.
Con su proverbial sabiduría, Martí, el cubano de siempre, nos enseñó que los estudiantes son el baluarte de la libertad y su ejército más firme y nos legó también la certidumbre de que la cultura es el lúcido camino a la libertad. Esa relación estudiante-universidad, cultura-libertad, ha perdurado y es el principal escudo de defensa de la Revolución en la actualidad.
Cuba es parte de un mundo agitado, de significativas convulsiones, he aquí una misión: conocer el mundo y entender nuestro país insertado en él. Al capitalismo no le preocupa devorar sus símbolos. Es la lógica del mercado: generar productos, condicionar las necesidades de la gente, generar productos, condicionar nuevas necesidades.
Un círculo vicioso que premia el artificio y la sutileza. Son las leyes invisibles del capitalismo actuando silenciosas sobre el común de la gente. Para la Cuba socialista por su aspiración de lograr una sociedad incluyente, por pensar en todos el reto es mayor. Debemos seguir esforzándonos por articular las aspiraciones de cada cubano, con nuestra vocación de construir en colectivo. Hay que hablar, explicar, debatir, la gente debe identificar que cada paso que incluso tribute a un sector específico, se revierte en mejorar su realidad, su entorno, pero eso no se logrará espontáneamente. Está la influencia del Período Especial, sobre todo en la gente joven.
Nuestras experiencias, nuestra realidad ha sido la de los años noventa, pero hay que sacudirse cualquier complejo. Esos años 90 hemos de asumirlos como nuestra dura escuela, es un servicio que podemos prestar a la Revolución. Sucede que necesariamente debemos mirar más lejos. El desarrollo científico-técnico, internet, la globalización, el redimensionamiento del papel de los medios, imponen retos a cualquier sociedad que sitúe como centro al hombre. Debemos prepararnos mejor para asumir estos acelerados cambios sin traumatismos y sobre todo sin concesiones de principios. Resulta ineludible mencionar el tema de la educación. En este sector la lectura debe ser todo hacia el frente, porque en buena medida la educación es el frente.
El proceso de universalización de la enseñanza debe caminar hacia la consolidación de la universidad como centro de la vida cultural, estimulando el equilibrio entre la oportunidad de convertir a toda Cuba en una universidad y la necesidad de fortalecer los componentes en lo académico y lo axiológico.
El conocimiento para los cubanos no es un lujo, es el arma para combatir la vanalidad, la superficialidad y el individualismo. Cualquier alternativa o iniciativa en este sentido debe estar marcada definitivamente por la intención de formar un mejor profesional.
Promover una vanguardia, desligada de un sentimiento de élite, sin autosuficiencias estériles, una vanguardia que asuma su papel con modestia, que guíe e incorpore, que no se cierre, es también necesaria.
Una segunda misión: caminar es estudiarnos, mirarnos, definir las carencias y retos que tenemos. La universidad está llama a adentrase en el debate cultural, en orientar a nuestra gente desde sus preferencias. Hay mucho que combatir y andar. Es importante proyectarnos en la función de los medios, especialmente el papel que juega hoy la televisión. En Cuba existe el talento para presentar propuestas de calidad, que a la vez sean atractivas. Los gustos no pueden imponerse, pero se puede incidir sobre ellos.
Se escribe con calidad en esta Isla. Aparecen personaje en la literatura cubana que generan atracción, complicidad. Acojamos estas ideas. Seguimos prefiriendo a Elpidio Valdés antes que Superman, pero eso ocurrió porque tuvimos desde pequeño un cubano legítimo, un mambí que tenía un lenguaje claro. Tuvimos una referencia. Hay que reforzar los patrones referenciales desde nuestra realidad. El éxito no radica en la exclusión de espacios, sino en reforzar los nuestros. Avancemos en formar en nuestra gente la capacidad de discernir la basura, el
enlatado, de lo que realmente tiene calidad. Los pequeños espacios son definitorios. La cuenta es clara, en ellos llegamos a la mayoría.
Las conferencias, los seminarios, son un escalón, no serán nunca el fin. Hay que potenciar, incluso, la bilateralidad en las discusiones. Todos deben sentir su espacio. La profundidad, el ir a las raíces se gana en lo cotidiano.
Este Congreso ha sido una encarnación de cubanía, un Congreso multirracial, multinacional, un Congreso diverso, como debe ser, porque lo homogéneo, lo lineal, lo inamovible, no es revolucionario. Nos lo enseñó Fidel, siendo el principal guía y el crítico mayor de nuestra obra. El aporte grande de la Revolución es la participación, con insuficiencias y errores, pero sin excluidos. Sí, es muy fácil para los imperialistas separar un espacio de aparente participación, que lo disfrutan los propios beneficiarios del sistema, un espacio mínimo, porque el mal de fondo existe ahí, no se construye en colectivo.
Segunda referencia a la cubanía. Somos patriotas porque la Patria está por encima de todo, porque nuestro himno es muy cubano y no fue un engendro artificial soplado del Norte o del Este; porque Céspedes pensó una Cuba libre de España y de cualquier potencia antes de conocer las preclaras doctrinas de Marx; porque le hemos dado al mundo hombres de ingenio y talento y debemos seguir haciéndolo. En ello pesa mucho la universidad, por eso hace falta una universidad sea sede municipal o central, que sea rica o atractiva, que invite cada vez más a quedarse en ella. Es la universidad una fragua de espíritus.
Estimulemos el rigor, consolidemos el compromiso desde el conocimiento. Cuba sigue siendo necesaria para el mundo, pero el panorama de las fuerzas de izquierda cambia, se avanza en Latinoamérica y nosotros podemos aportar mucho. Para ellos hay que estudiar más, hay que trabajar más, hay que desarrollarse más.
Resulta paradójico que uno de los debates más amplios sobre el discurso del Comandante en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre, se diera en Rebelión, una revista digital, en el exterior.
Por orgullo sano no puede arrebatarse del ambiente universitario, de la brigada, el parque, la casa…, una discusión que es nuestra, dura, aguda, diversa, incómoda, pero útil, necesaria e incluso, vital. Sería de mucho impacto estimular en nuestros medios debates que se alejen de lo fenoménico, del mero reporte a veces y potenciar más la reflexión, como existen algunos y es bueno. La gente se identifica con eso.
Con seguridad nosotros lo asumimos, el Congreso nos enseña, hace aflorar nuestros errores, nos ha educado en escuchar y en reconocer, públicamente, cuándo nos equivocamos. Eso no disminuye a ningún revolucionario, lo prestigia. Con el sano orgullo de sabernos revolucionarios, sin ningún complejo, ratificamos que la FEU capitalina, como de seguro la de Cuba, seguimos siendo una FEU de Patria o Muerte y victoria.
Tomado de Alma Mater
Cuba en ser surge en el ánimo de exaltar la «Revolución de la reflexión», canto a la crítica, la razón, las ideas, la verdad, lo diverso, lo plural, lo auténtico, lo genuino. Una mirada de izquierda objetiva y plural, un espacio para intercambiar y aprender.
viernes, 22 de diciembre de 2006
domingo, 17 de diciembre de 2006
Agua al dominó
Por Gaudencio Rodríguez
No sé por qué debemos pensar que La Diferencia marca precisamente una diferencia. No sé por qué debemos ubicarnos en una pretendida esquina de la fama o por qué debemos sentir que unas noches son mejores que otras. No sé por qué abundan ahora los buenos cantantes y sin embargo no lo son.
Hace poco, exactamente el 27 de septiembre, en la fiesta de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), di mi opinión acerca de las telenovelas mexicanas que se alquilan, de la música que se promociona en la radio y la televisión. Una vecina defendió mucho de esto. Lo que lamento es que no entendía mi punto de vista de que, de alguna manera, esas manifestaciones eran un producto con el único fin de anular el modo más eficiente de pensar que es pensar por cabeza propia. Le dije que nadie puede interferir en el gusto de los demás. Y en la conversación le señalé que “el enemigo tiene formas muy sutiles de atacar” y en la música, la televisión y el cine tenían las armas más dañinas. La compañera se alarmó con la frase.
En el espacio de un día actos banales, incongruencias y mal gusto. Voy a citar a Omar Valiño: “Si toda la música que ponen en los espacios fuera orientada por directiva tal vez ya no pusieran la misma música en todas partes”. Creo que lo cité mal pero algo de eso dijo.
Toda la diferencia que queremos, que necesitamos, es la diferencia que nos permite ver lo otro, lo que no es común. Porque tenemos que conocer todo. ¿Cuánto ya no conocemos de nosotros? ¿Cuánto hemos perdido? ¿Cuánto hemos hallado y cuánto no se da a conocer de lo hemos hallado?
Hay que ver elementos del gusto. Hay que ver las construcciones sociales, las subalternidades culturales. Pero mi conocimiento de la marginalidad me permite reconocer riquezas culturales que hay entre nosotros.
Pienso en la rumba que se baila en el barrio de La Marina en Matanzas. Como ejemplo a tener en cuenta, se escucha y se baila rumba: nunca, o casi nunca, he oído reguetón. Pienso en el bolero, tan sutil, y cómo gusta; pero Noelia o cualquier otro se inserta como un cáncer en la radio y la televisión. (A veces me pregunto cuánto ganamos por establecer modos frívolos, nada diferentes, en el universo de la sensiblería cubana) Hay un daño a nuestro imaginario, a nuestra manera de construir una patria íntima que además de Martí y Maceo, Mella y Frank País, Fidel; también tiene a Julián del Casal, Bola de Nieve, Sindo Garay, Miguel Matamoros, Juan Formell, Silvio Rodríguez, Fina García–Marruz, Cintio Vitier, Julio García Espinosa, Roberto Fernández Retamar, Harold Gramatges. Una patria íntima que tiene a Yoandri Garlobo y Carlos Tabares, Víctor Mesa y Antonio Pacheco, Stevenson y Savón, Lázaro Bruzón y Leinier Domínguez, Santiago “Changa” Mederos y El “Niño” Linares, Industriales y Santiago. Una patria que tiene a mi hijo y a los hijos de los demás, y que temo no reconozcan en el futuro estos nombres.
Tomado de Caimán Barbudos
No sé por qué debemos pensar que La Diferencia marca precisamente una diferencia. No sé por qué debemos ubicarnos en una pretendida esquina de la fama o por qué debemos sentir que unas noches son mejores que otras. No sé por qué abundan ahora los buenos cantantes y sin embargo no lo son.
Hace poco, exactamente el 27 de septiembre, en la fiesta de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), di mi opinión acerca de las telenovelas mexicanas que se alquilan, de la música que se promociona en la radio y la televisión. Una vecina defendió mucho de esto. Lo que lamento es que no entendía mi punto de vista de que, de alguna manera, esas manifestaciones eran un producto con el único fin de anular el modo más eficiente de pensar que es pensar por cabeza propia. Le dije que nadie puede interferir en el gusto de los demás. Y en la conversación le señalé que “el enemigo tiene formas muy sutiles de atacar” y en la música, la televisión y el cine tenían las armas más dañinas. La compañera se alarmó con la frase.
En el espacio de un día actos banales, incongruencias y mal gusto. Voy a citar a Omar Valiño: “Si toda la música que ponen en los espacios fuera orientada por directiva tal vez ya no pusieran la misma música en todas partes”. Creo que lo cité mal pero algo de eso dijo.
Toda la diferencia que queremos, que necesitamos, es la diferencia que nos permite ver lo otro, lo que no es común. Porque tenemos que conocer todo. ¿Cuánto ya no conocemos de nosotros? ¿Cuánto hemos perdido? ¿Cuánto hemos hallado y cuánto no se da a conocer de lo hemos hallado?
Hay que ver elementos del gusto. Hay que ver las construcciones sociales, las subalternidades culturales. Pero mi conocimiento de la marginalidad me permite reconocer riquezas culturales que hay entre nosotros.
Pienso en la rumba que se baila en el barrio de La Marina en Matanzas. Como ejemplo a tener en cuenta, se escucha y se baila rumba: nunca, o casi nunca, he oído reguetón. Pienso en el bolero, tan sutil, y cómo gusta; pero Noelia o cualquier otro se inserta como un cáncer en la radio y la televisión. (A veces me pregunto cuánto ganamos por establecer modos frívolos, nada diferentes, en el universo de la sensiblería cubana) Hay un daño a nuestro imaginario, a nuestra manera de construir una patria íntima que además de Martí y Maceo, Mella y Frank País, Fidel; también tiene a Julián del Casal, Bola de Nieve, Sindo Garay, Miguel Matamoros, Juan Formell, Silvio Rodríguez, Fina García–Marruz, Cintio Vitier, Julio García Espinosa, Roberto Fernández Retamar, Harold Gramatges. Una patria íntima que tiene a Yoandri Garlobo y Carlos Tabares, Víctor Mesa y Antonio Pacheco, Stevenson y Savón, Lázaro Bruzón y Leinier Domínguez, Santiago “Changa” Mederos y El “Niño” Linares, Industriales y Santiago. Una patria que tiene a mi hijo y a los hijos de los demás, y que temo no reconozcan en el futuro estos nombres.
Tomado de Caimán Barbudos
La Asociación Hermanos Saíz: Vanguardia juvenil de la cultura.
Por Leopoldo Luis
Durante los días 15 y 16 de diciembre del pasado año tuvo lugar la sesión plenaria del Consejo Nacional Ampliado de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) Fueron días de intenso debate, cruce de ideas, durante los cuales los jóvenes llevaron la voz cantante.
Alina Alarcón, vicepresidenta nacional de la organización, abogó porque la Asociación trascienda su espacio natural, la Casa del Joven Creador, para ir a interactuar con sus propuestas a la comunidad.
Juan Carlos Travieso, realizador del Canal Habana, compartió sus inquietudes ante la diversidad de interpretaciones que se hacen de nuestra política cultural, apuntando: “Hay que acabar de definir qué es lo que le conviene a nuestra cultura: ¿Le hacemos culto a Hollywood o a las producciones del patio? ¿Por qué no enfrentar la realidad que muestran nuestras obras audiovisuales?”
El poeta matancero Gaudencio Rodríguez concedió especial importancia al hecho de que las nuevas generaciones no pierdan de vista a los intelectuales y artistas que han dado cuerpo a nuestra cultura y —que sin embargo— están tan distantes de ellas, “porque no hemos podido convertirlos en sus ídolos”.
La preocupación en torno al rap y el tratamiento institucional que el género recibe, encontró espacio en la voz de Edgar González.
El investigador y crítico Omar Valiño está convencido de que una de las maneras más efectivas de combatir la recolonización cultural es “movilizar las reservas morales y espirituales que todavía conservan esos jóvenes, a quienes no hemos sido capaces de presentar opciones culturales auténticas y atractivas”.
No obstante, en opinión del poeta y dramaturgo Norge Espinosa, los asociados no deberán erigirse en jueces por ninguna circunstancia, sin antes haberse mirado por dentro. Y se preguntaba al respecto: “¿Es que el mal gusto, el kitsch y la banalidad no se han instalado también entre nosotros?”
Julio Martínez, Primer Secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), ratificó que esa organización juvenil necesita más que nunca de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la misma “que estos 20 años ha demostrado su valía y su apego incondicional a la Revolución”.
Por último, Abel Prieto, Ministro de Cultura, dejó en claro que nuestra política cultural no está encaminada a evitar la crítica, si no que por el contrario, esta es imprescindible. “Lo extranjerizante, el gusto por lo proyanqui se ha ido expandiendo en el ambiente como un virus. Por tanto, el camino que nos salvará debe llevarnos hacia un pensamiento de vanguardia en el campo de la cultura, un pensamiento antiimperialista, desde la identidad y el compromiso con la Revolución y la Patria”, aseveró en aquella ocasión.
Este dossier que El Caimán Barbudo ha preparado, incluye algunas de las medulares intervenciones con que los jóvenes creadores se situaron a la vanguardia de la reflexión en torno a la cultura cubana y sus cauces presentes y futuros.
Tomado de Caimán Barbudo
Durante los días 15 y 16 de diciembre del pasado año tuvo lugar la sesión plenaria del Consejo Nacional Ampliado de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) Fueron días de intenso debate, cruce de ideas, durante los cuales los jóvenes llevaron la voz cantante.
Alina Alarcón, vicepresidenta nacional de la organización, abogó porque la Asociación trascienda su espacio natural, la Casa del Joven Creador, para ir a interactuar con sus propuestas a la comunidad.
Juan Carlos Travieso, realizador del Canal Habana, compartió sus inquietudes ante la diversidad de interpretaciones que se hacen de nuestra política cultural, apuntando: “Hay que acabar de definir qué es lo que le conviene a nuestra cultura: ¿Le hacemos culto a Hollywood o a las producciones del patio? ¿Por qué no enfrentar la realidad que muestran nuestras obras audiovisuales?”
El poeta matancero Gaudencio Rodríguez concedió especial importancia al hecho de que las nuevas generaciones no pierdan de vista a los intelectuales y artistas que han dado cuerpo a nuestra cultura y —que sin embargo— están tan distantes de ellas, “porque no hemos podido convertirlos en sus ídolos”.
La preocupación en torno al rap y el tratamiento institucional que el género recibe, encontró espacio en la voz de Edgar González.
El investigador y crítico Omar Valiño está convencido de que una de las maneras más efectivas de combatir la recolonización cultural es “movilizar las reservas morales y espirituales que todavía conservan esos jóvenes, a quienes no hemos sido capaces de presentar opciones culturales auténticas y atractivas”.
No obstante, en opinión del poeta y dramaturgo Norge Espinosa, los asociados no deberán erigirse en jueces por ninguna circunstancia, sin antes haberse mirado por dentro. Y se preguntaba al respecto: “¿Es que el mal gusto, el kitsch y la banalidad no se han instalado también entre nosotros?”
Julio Martínez, Primer Secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), ratificó que esa organización juvenil necesita más que nunca de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la misma “que estos 20 años ha demostrado su valía y su apego incondicional a la Revolución”.
Por último, Abel Prieto, Ministro de Cultura, dejó en claro que nuestra política cultural no está encaminada a evitar la crítica, si no que por el contrario, esta es imprescindible. “Lo extranjerizante, el gusto por lo proyanqui se ha ido expandiendo en el ambiente como un virus. Por tanto, el camino que nos salvará debe llevarnos hacia un pensamiento de vanguardia en el campo de la cultura, un pensamiento antiimperialista, desde la identidad y el compromiso con la Revolución y la Patria”, aseveró en aquella ocasión.
Este dossier que El Caimán Barbudo ha preparado, incluye algunas de las medulares intervenciones con que los jóvenes creadores se situaron a la vanguardia de la reflexión en torno a la cultura cubana y sus cauces presentes y futuros.
Tomado de Caimán Barbudo
sábado, 16 de diciembre de 2006
Preguntas a la Televisión
Por Juan Carlos Travieso Fajardo
Me gustaría aclarar que tengo sobre la televisión una mirada crítica, sí, pero mis palabras no salen de la boca para afuera, salen del alma de un joven que ama la TV como medio expresivo; un joven que ama la televisión porque desde los 8 años estoy en ella de una forma u otra, y ya casi tengo 35 años, por lo tanto son casi treinta años de mi vida dedicados al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) —imaginen… de San José de las Lajas a La Habana para trabajar todos los días—, eso no lo puede engendrar otra cosa que un amor muy fuerte por lo que hago y una pasión que no permite entender ni aceptar a los que con su facilismo y mediocridad la aplastan y la hacen menor. A ellos van mis reflexiones, no a los que con talento la fundan.
Considero que una de las cosas que tienen que definir, de una vez y por todas, la Televisión y los organismos competentes es ¿hacia dónde va la política cultural de los medios en Cuba? Debe definirse por el bien de este país y el futuro de las nuevas generaciones qué es lo que conviene que se pase o no por la Televisión. ¿Hasta qué punto es preferible continuar el culto al mal cine de Hollywood todos los días y a toda hora, o de una vez y por siempre aceptar que se pasen por nuestra TV las producciones cubanas de cine? Algunas películas cubanas, convertidas incluso en clásicos del cine contemporáneo latinoamericano, y que para nuestros medios audiovisuales no existen.
¿Acaso hay miedo de enfocar nuestras realidades?, pregunto. ¿Por qué? Y me encantaría conocer la respuesta si es que alguien la tiene.
¿Hasta dónde es preferible continuar exhibiendo los documentales enajenantes que sobre animalitos y extraterrestres continúan produciendo “con toda intención” los medios globalizados y neoliberales? ¿Por qué no se aceptan los tantos documentales realizados en Cuba que intentan una mirada crítica de nuestra realidad? El propósito de estas obras y sus jóvenes realizadores como yo, no se limita solo a la crítica, son un llamado de alerta, son generalmente un dedo puesto en la herida para que la Revolución no se desangre.
Me pregunto: ¿Si ese es el espíritu de esas obras, si ese es el espíritu de sus realizadores, por qué no se pasan por la televisión? Pero voy más allá… ¿por qué no tienen (aunque sea) una proyección constante en salas de video o de cine en nuestro país?
Existe, sí, una muestra Nacional de Nuevos Realizadores convertida con el pasar de los años en el único lugar que legitimiza esas obras, pero las legitimiza solo para la capital en esos 3 o 4 días que dura la muestra; el resto del país y del año, esas obras no se conocen. ¿Por qué no garantizar su exhibición en cada provincia?
Son aspectos que deben estudiarse y definirse. Hay que encontrar espacios, porque con esas obras y la reflexión sobre nuestra realidad que en ellas se muestra no pretendemos los jóvenes realizadores destruir la Revolución, al contrario, queremos fortalecerla.
Durante los debates en comisiones de este Consejo y las intervenciones de los delegados e invitados, traté de entender mejor lo que pasa con los programas musicales en la televisión. Entiendo los pasos que se están dando, pero deben apresurarse los resultados, porque cada minuto que pasa provoca un daño irreversible y destruye en segundos los valores forjados durante tantos años.
Recomiendo a la dirección de los medios que nos representan, pensar que el arte es por sí mismo revolucionario y que mientras sea arte lo que propongamos, será revolución lo que estemos defendiendo.
Lo inaceptable es que programas como el de Alfredito Rodríguez (copia de la copia) vuelvan cada año a la pantalla en espacios, días y horarios privilegiados. Pero me duele más que en los propios debates se intentó utilizar ese programa como material de estudio, y nadie se hizo eco, nadie explicó como proyectos así llegan a la pantalla. Nadie quiso enfrentar o asumir públicamente cuál es la causa de tantos horrores repetidos. No olvidemos que el silencio otorga. Y no es convertir el mito de Alfredito en el centro de nuestras reflexiones, ese no es más que un ejemplo, entre tantos que tiene la televisión incluso peores.
Por último, algunos apuntes a tener en cuenta… Hay que potenciar la superación del personal de nuestros medios. Hay que aumentar su nivel técnico y profesional. Hay que amar lo que se hace en la Televisión.
Hay que proponerse cambiar las formas, acabar con las metas. La Televisión no puede seguir como un medidor de tareas. Hay que balancear mejor las cosas y propiciar la diversidad racial, musical y genérica. La Televisión no puede ser para todos a la vez, hay que segmentar más la programación, porque los programas y mensajes para todos, está demostrado, no llegan a nadie.
Creo que solo con buenos resultados en la pantalla, hoy lograremos que los jóvenes se interesen en la televisión para hacerla mejor mañana.
Muchas gracias.
Me gustaría aclarar que tengo sobre la televisión una mirada crítica, sí, pero mis palabras no salen de la boca para afuera, salen del alma de un joven que ama la TV como medio expresivo; un joven que ama la televisión porque desde los 8 años estoy en ella de una forma u otra, y ya casi tengo 35 años, por lo tanto son casi treinta años de mi vida dedicados al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) —imaginen… de San José de las Lajas a La Habana para trabajar todos los días—, eso no lo puede engendrar otra cosa que un amor muy fuerte por lo que hago y una pasión que no permite entender ni aceptar a los que con su facilismo y mediocridad la aplastan y la hacen menor. A ellos van mis reflexiones, no a los que con talento la fundan.
Considero que una de las cosas que tienen que definir, de una vez y por todas, la Televisión y los organismos competentes es ¿hacia dónde va la política cultural de los medios en Cuba? Debe definirse por el bien de este país y el futuro de las nuevas generaciones qué es lo que conviene que se pase o no por la Televisión. ¿Hasta qué punto es preferible continuar el culto al mal cine de Hollywood todos los días y a toda hora, o de una vez y por siempre aceptar que se pasen por nuestra TV las producciones cubanas de cine? Algunas películas cubanas, convertidas incluso en clásicos del cine contemporáneo latinoamericano, y que para nuestros medios audiovisuales no existen.
¿Acaso hay miedo de enfocar nuestras realidades?, pregunto. ¿Por qué? Y me encantaría conocer la respuesta si es que alguien la tiene.
¿Hasta dónde es preferible continuar exhibiendo los documentales enajenantes que sobre animalitos y extraterrestres continúan produciendo “con toda intención” los medios globalizados y neoliberales? ¿Por qué no se aceptan los tantos documentales realizados en Cuba que intentan una mirada crítica de nuestra realidad? El propósito de estas obras y sus jóvenes realizadores como yo, no se limita solo a la crítica, son un llamado de alerta, son generalmente un dedo puesto en la herida para que la Revolución no se desangre.
Me pregunto: ¿Si ese es el espíritu de esas obras, si ese es el espíritu de sus realizadores, por qué no se pasan por la televisión? Pero voy más allá… ¿por qué no tienen (aunque sea) una proyección constante en salas de video o de cine en nuestro país?
Existe, sí, una muestra Nacional de Nuevos Realizadores convertida con el pasar de los años en el único lugar que legitimiza esas obras, pero las legitimiza solo para la capital en esos 3 o 4 días que dura la muestra; el resto del país y del año, esas obras no se conocen. ¿Por qué no garantizar su exhibición en cada provincia?
Son aspectos que deben estudiarse y definirse. Hay que encontrar espacios, porque con esas obras y la reflexión sobre nuestra realidad que en ellas se muestra no pretendemos los jóvenes realizadores destruir la Revolución, al contrario, queremos fortalecerla.
Durante los debates en comisiones de este Consejo y las intervenciones de los delegados e invitados, traté de entender mejor lo que pasa con los programas musicales en la televisión. Entiendo los pasos que se están dando, pero deben apresurarse los resultados, porque cada minuto que pasa provoca un daño irreversible y destruye en segundos los valores forjados durante tantos años.
Recomiendo a la dirección de los medios que nos representan, pensar que el arte es por sí mismo revolucionario y que mientras sea arte lo que propongamos, será revolución lo que estemos defendiendo.
Lo inaceptable es que programas como el de Alfredito Rodríguez (copia de la copia) vuelvan cada año a la pantalla en espacios, días y horarios privilegiados. Pero me duele más que en los propios debates se intentó utilizar ese programa como material de estudio, y nadie se hizo eco, nadie explicó como proyectos así llegan a la pantalla. Nadie quiso enfrentar o asumir públicamente cuál es la causa de tantos horrores repetidos. No olvidemos que el silencio otorga. Y no es convertir el mito de Alfredito en el centro de nuestras reflexiones, ese no es más que un ejemplo, entre tantos que tiene la televisión incluso peores.
Por último, algunos apuntes a tener en cuenta… Hay que potenciar la superación del personal de nuestros medios. Hay que aumentar su nivel técnico y profesional. Hay que amar lo que se hace en la Televisión.
Hay que proponerse cambiar las formas, acabar con las metas. La Televisión no puede seguir como un medidor de tareas. Hay que balancear mejor las cosas y propiciar la diversidad racial, musical y genérica. La Televisión no puede ser para todos a la vez, hay que segmentar más la programación, porque los programas y mensajes para todos, está demostrado, no llegan a nadie.
Creo que solo con buenos resultados en la pantalla, hoy lograremos que los jóvenes se interesen en la televisión para hacerla mejor mañana.
Muchas gracias.
De espaldas a la cultura
Por Natacha Cabrera
¿Por qué los medios de difusión parecen estar trabajando en la promoción de la música, de espaldas a la política cultural del país?
El Comandante en Jefe nos decía, hace ya un año, que la Revolución es invulnerable en el terreno militar, pero no en el terreno político. En ese sentido, a los jóvenes creadores nos queda claro la importancia de la cultura como elemento indispensable para preservar la Revolución, así como también el papel que nos corresponde como vanguardia estética, como pensadores de la vida y la obra cultural; y en el caso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), además, como gestora de acciones encaminadas a profundizar en nuestras esencias desde la obra misma de los más noveles artistas.
En cuanto a la promoción de la música en los medios, sencillamente parece que existieran dos estrategias trazadas. Una de ellas encaminada a preservar lo más valedero de la historia musical cubana, y no solo a su preservación, sino también a una educación del gusto de nuestro pueblo por esta zona, que es, sin duda, la más rica y representativa de nuestra identidad, y otra para tirar por la borda estos propósitos.
Primeramente nos preguntaremos al estilo de Matamoros: ¿de donde son los cantantes?
El músico que procede del Sistema Nacional de la Enseñanza Artística, cumple su servicio social y pasa a la vida profesional mediante las empresas, agencias y Centros Provinciales de la Música, con sus correspondientes evaluaciones.
Cuando el músico es empírico (que es la mayoría de los casos de rockeros, raperos y trovadores) transita por un sinnúmero de avatares que lo llevan frecuentemente de la membresía de la Asociación Hermanos Saiz (AHS), a la protección, evaluación e inclusión en el catálogo del Instituto Cubano de la Música (ICM).
En ambos casos la promoción de estos proyectos queda en manos de un personal inexperto, desinformado y, por lo tanto, no apto para esta tarea, que trabaja (si podemos decir que lo hace) en estas agencias, centros y empresas. Realmente todo este mecanismo funciona, en lo cual reconocemos el empeño sistemático del ICM y sus dependencias, solo que con —además de estos— otros inconvenientes.
El músico tiene en la vida profesional tres destinos bastante frecuentes: el convertirse en profesor del Sistema de la Enseñanza Artística, en un músico de sopa (que sabemos lo que significa) o el tercero y más complejo que consiste en luchar por una ubicación en la preferencia de un público afín a su género, estilo de creación e interpretación. Este último tendrá aspiraciones lógicas de llegar a uno o varios puntos culminantes dentro de su carrera de creador que es, por supuesto, “el disco” y que necesita de un aparato promotor que confronte y solidifique su obra.
La música en el mundo entero es una industria de discos que utiliza videos clip y conciertos como medios de promoción. Es un mercado muy cruel, propio de una sociedad de consumo, en la cual no importa mucho el valor o la autenticidad de un producto musical, sino la cantidad de copias que sea capaz de vender. En Cuba, el gobierno revolucionario, bloqueado y permanentemente asediado, subvenciona la cultura y, claro está, que la participación nuestra en ese mercado, monopolizado por unos pocos, es mínima, lo cual no garantiza una factibilidad económica y sin embargo no impide que, con notables esfuerzos, el disco de música cubana de producción nacional sea un hecho.
A pesar de ello, a las disqueras, a las cuales “supuestamente” se accederá con una obra establecida, que será protegida como patrimonio cultural de la isla a través de la grabación, junto a los buenos, van a parar proyectos discográficos de pésima calidad que no solo consumen el presupuesto que pudiera ser utilizado en otros más apreciables, sino que jerarquizan ese producto, pues detrás vendrá el consecuente video clip (en lo cual hay que reconocer la importancia de Lucas como estímulo a este tipo de creación audiovisual, sin dejar de criticar el nocivo espectáculo que ofrece copiando códigos y expresiones extranjeras) y los conciertos, que serán elevados a su máxima expresión por nuestros medios.
Esto, por supuesto, sucede también sin que para ello medie producción discográfica alguna, basta con la aprobación (que ojalá podamos achacar siempre al mal gusto y no a otras causas de peores naturalezas) por parte de algún sesudo director de radio o televisión y sucederá el milagro de la popularización de lo peor del supuesto quehacer de los músicos cubanos, invadiendo los espacios estelares, muchos de estos plagados de frivolidades, culto a lo foráneo y amarillismos de todo tipo, favoreciendo a los intereses de colonización cultural y seducción ideológica de nuestro enemigo histórico y restando el espacio que hace años creemos ganado para la promoción de los valores imprescindibles a nuestros propósitos, al propósito de todos los que estamos aquí y del cual parte este análisis, cuyo objetivo es salvaguardar la cubanía como único medio de defender la Revolución, de defenderla de desaparecer, pero también de ser desvirtuada con la exportación de una falsa imagen de nuestra cultura.
De ahí la urgencia de, no solo una revisión de todo lo que se relaciona con la promoción de la música en nuestros medios, sino de la toma inmediata de medidas coherentes al respecto de lo que la Asociación Hermanos Saiz ha estado diciendo por años y que sentimos está siendo escuchado con gran atención. Alguien decía en la mañana de ayer: … todo debe ser revisado … y es cierto. Frente a la banalización y la nulidad del pensamiento, se hace cada día más necesario alistarnos en una vanguardia, no solo artística y literaria sino también en una vanguardia de la creación del presente y el futuro.
Quiero además citar una reflexión martiana muy a tono con esta asamblea: “(…) Toda nación debe tener un carácter propio y especial. ¿Hay vida para los ingenios patrios en una escena ocupada siempre por débiles o repugnantes creaciones extranjeras? (…) Una nación ha de querer que los elementos que la forman sean estables, sanos y grandiosos, y vengan de fuentes limpias y constantes, que corran a la luz, para que se pueda ver cuando se enturbian y acudir en sazón a purificarla (…)”
¿Por qué los medios de difusión parecen estar trabajando en la promoción de la música, de espaldas a la política cultural del país?
El Comandante en Jefe nos decía, hace ya un año, que la Revolución es invulnerable en el terreno militar, pero no en el terreno político. En ese sentido, a los jóvenes creadores nos queda claro la importancia de la cultura como elemento indispensable para preservar la Revolución, así como también el papel que nos corresponde como vanguardia estética, como pensadores de la vida y la obra cultural; y en el caso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), además, como gestora de acciones encaminadas a profundizar en nuestras esencias desde la obra misma de los más noveles artistas.
En cuanto a la promoción de la música en los medios, sencillamente parece que existieran dos estrategias trazadas. Una de ellas encaminada a preservar lo más valedero de la historia musical cubana, y no solo a su preservación, sino también a una educación del gusto de nuestro pueblo por esta zona, que es, sin duda, la más rica y representativa de nuestra identidad, y otra para tirar por la borda estos propósitos.
Primeramente nos preguntaremos al estilo de Matamoros: ¿de donde son los cantantes?
El músico que procede del Sistema Nacional de la Enseñanza Artística, cumple su servicio social y pasa a la vida profesional mediante las empresas, agencias y Centros Provinciales de la Música, con sus correspondientes evaluaciones.
Cuando el músico es empírico (que es la mayoría de los casos de rockeros, raperos y trovadores) transita por un sinnúmero de avatares que lo llevan frecuentemente de la membresía de la Asociación Hermanos Saiz (AHS), a la protección, evaluación e inclusión en el catálogo del Instituto Cubano de la Música (ICM).
En ambos casos la promoción de estos proyectos queda en manos de un personal inexperto, desinformado y, por lo tanto, no apto para esta tarea, que trabaja (si podemos decir que lo hace) en estas agencias, centros y empresas. Realmente todo este mecanismo funciona, en lo cual reconocemos el empeño sistemático del ICM y sus dependencias, solo que con —además de estos— otros inconvenientes.
El músico tiene en la vida profesional tres destinos bastante frecuentes: el convertirse en profesor del Sistema de la Enseñanza Artística, en un músico de sopa (que sabemos lo que significa) o el tercero y más complejo que consiste en luchar por una ubicación en la preferencia de un público afín a su género, estilo de creación e interpretación. Este último tendrá aspiraciones lógicas de llegar a uno o varios puntos culminantes dentro de su carrera de creador que es, por supuesto, “el disco” y que necesita de un aparato promotor que confronte y solidifique su obra.
La música en el mundo entero es una industria de discos que utiliza videos clip y conciertos como medios de promoción. Es un mercado muy cruel, propio de una sociedad de consumo, en la cual no importa mucho el valor o la autenticidad de un producto musical, sino la cantidad de copias que sea capaz de vender. En Cuba, el gobierno revolucionario, bloqueado y permanentemente asediado, subvenciona la cultura y, claro está, que la participación nuestra en ese mercado, monopolizado por unos pocos, es mínima, lo cual no garantiza una factibilidad económica y sin embargo no impide que, con notables esfuerzos, el disco de música cubana de producción nacional sea un hecho.
A pesar de ello, a las disqueras, a las cuales “supuestamente” se accederá con una obra establecida, que será protegida como patrimonio cultural de la isla a través de la grabación, junto a los buenos, van a parar proyectos discográficos de pésima calidad que no solo consumen el presupuesto que pudiera ser utilizado en otros más apreciables, sino que jerarquizan ese producto, pues detrás vendrá el consecuente video clip (en lo cual hay que reconocer la importancia de Lucas como estímulo a este tipo de creación audiovisual, sin dejar de criticar el nocivo espectáculo que ofrece copiando códigos y expresiones extranjeras) y los conciertos, que serán elevados a su máxima expresión por nuestros medios.
Esto, por supuesto, sucede también sin que para ello medie producción discográfica alguna, basta con la aprobación (que ojalá podamos achacar siempre al mal gusto y no a otras causas de peores naturalezas) por parte de algún sesudo director de radio o televisión y sucederá el milagro de la popularización de lo peor del supuesto quehacer de los músicos cubanos, invadiendo los espacios estelares, muchos de estos plagados de frivolidades, culto a lo foráneo y amarillismos de todo tipo, favoreciendo a los intereses de colonización cultural y seducción ideológica de nuestro enemigo histórico y restando el espacio que hace años creemos ganado para la promoción de los valores imprescindibles a nuestros propósitos, al propósito de todos los que estamos aquí y del cual parte este análisis, cuyo objetivo es salvaguardar la cubanía como único medio de defender la Revolución, de defenderla de desaparecer, pero también de ser desvirtuada con la exportación de una falsa imagen de nuestra cultura.
De ahí la urgencia de, no solo una revisión de todo lo que se relaciona con la promoción de la música en nuestros medios, sino de la toma inmediata de medidas coherentes al respecto de lo que la Asociación Hermanos Saiz ha estado diciendo por años y que sentimos está siendo escuchado con gran atención. Alguien decía en la mañana de ayer: … todo debe ser revisado … y es cierto. Frente a la banalización y la nulidad del pensamiento, se hace cada día más necesario alistarnos en una vanguardia, no solo artística y literaria sino también en una vanguardia de la creación del presente y el futuro.
Quiero además citar una reflexión martiana muy a tono con esta asamblea: “(…) Toda nación debe tener un carácter propio y especial. ¿Hay vida para los ingenios patrios en una escena ocupada siempre por débiles o repugnantes creaciones extranjeras? (…) Una nación ha de querer que los elementos que la forman sean estables, sanos y grandiosos, y vengan de fuentes limpias y constantes, que corran a la luz, para que se pueda ver cuando se enturbian y acudir en sazón a purificarla (…)”
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