Por Natacha Cabrera
¿Por qué los medios de difusión parecen estar trabajando en la promoción de la música, de espaldas a la política cultural del país?
El Comandante en Jefe nos decía, hace ya un año, que la Revolución es invulnerable en el terreno militar, pero no en el terreno político. En ese sentido, a los jóvenes creadores nos queda claro la importancia de la cultura como elemento indispensable para preservar la Revolución, así como también el papel que nos corresponde como vanguardia estética, como pensadores de la vida y la obra cultural; y en el caso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), además, como gestora de acciones encaminadas a profundizar en nuestras esencias desde la obra misma de los más noveles artistas.
En cuanto a la promoción de la música en los medios, sencillamente parece que existieran dos estrategias trazadas. Una de ellas encaminada a preservar lo más valedero de la historia musical cubana, y no solo a su preservación, sino también a una educación del gusto de nuestro pueblo por esta zona, que es, sin duda, la más rica y representativa de nuestra identidad, y otra para tirar por la borda estos propósitos.
Primeramente nos preguntaremos al estilo de Matamoros: ¿de donde son los cantantes?
El músico que procede del Sistema Nacional de la Enseñanza Artística, cumple su servicio social y pasa a la vida profesional mediante las empresas, agencias y Centros Provinciales de la Música, con sus correspondientes evaluaciones.
Cuando el músico es empírico (que es la mayoría de los casos de rockeros, raperos y trovadores) transita por un sinnúmero de avatares que lo llevan frecuentemente de la membresía de la Asociación Hermanos Saiz (AHS), a la protección, evaluación e inclusión en el catálogo del Instituto Cubano de la Música (ICM).
En ambos casos la promoción de estos proyectos queda en manos de un personal inexperto, desinformado y, por lo tanto, no apto para esta tarea, que trabaja (si podemos decir que lo hace) en estas agencias, centros y empresas. Realmente todo este mecanismo funciona, en lo cual reconocemos el empeño sistemático del ICM y sus dependencias, solo que con —además de estos— otros inconvenientes.
El músico tiene en la vida profesional tres destinos bastante frecuentes: el convertirse en profesor del Sistema de la Enseñanza Artística, en un músico de sopa (que sabemos lo que significa) o el tercero y más complejo que consiste en luchar por una ubicación en la preferencia de un público afín a su género, estilo de creación e interpretación. Este último tendrá aspiraciones lógicas de llegar a uno o varios puntos culminantes dentro de su carrera de creador que es, por supuesto, “el disco” y que necesita de un aparato promotor que confronte y solidifique su obra.
La música en el mundo entero es una industria de discos que utiliza videos clip y conciertos como medios de promoción. Es un mercado muy cruel, propio de una sociedad de consumo, en la cual no importa mucho el valor o la autenticidad de un producto musical, sino la cantidad de copias que sea capaz de vender. En Cuba, el gobierno revolucionario, bloqueado y permanentemente asediado, subvenciona la cultura y, claro está, que la participación nuestra en ese mercado, monopolizado por unos pocos, es mínima, lo cual no garantiza una factibilidad económica y sin embargo no impide que, con notables esfuerzos, el disco de música cubana de producción nacional sea un hecho.
A pesar de ello, a las disqueras, a las cuales “supuestamente” se accederá con una obra establecida, que será protegida como patrimonio cultural de la isla a través de la grabación, junto a los buenos, van a parar proyectos discográficos de pésima calidad que no solo consumen el presupuesto que pudiera ser utilizado en otros más apreciables, sino que jerarquizan ese producto, pues detrás vendrá el consecuente video clip (en lo cual hay que reconocer la importancia de Lucas como estímulo a este tipo de creación audiovisual, sin dejar de criticar el nocivo espectáculo que ofrece copiando códigos y expresiones extranjeras) y los conciertos, que serán elevados a su máxima expresión por nuestros medios.
Esto, por supuesto, sucede también sin que para ello medie producción discográfica alguna, basta con la aprobación (que ojalá podamos achacar siempre al mal gusto y no a otras causas de peores naturalezas) por parte de algún sesudo director de radio o televisión y sucederá el milagro de la popularización de lo peor del supuesto quehacer de los músicos cubanos, invadiendo los espacios estelares, muchos de estos plagados de frivolidades, culto a lo foráneo y amarillismos de todo tipo, favoreciendo a los intereses de colonización cultural y seducción ideológica de nuestro enemigo histórico y restando el espacio que hace años creemos ganado para la promoción de los valores imprescindibles a nuestros propósitos, al propósito de todos los que estamos aquí y del cual parte este análisis, cuyo objetivo es salvaguardar la cubanía como único medio de defender la Revolución, de defenderla de desaparecer, pero también de ser desvirtuada con la exportación de una falsa imagen de nuestra cultura.
De ahí la urgencia de, no solo una revisión de todo lo que se relaciona con la promoción de la música en nuestros medios, sino de la toma inmediata de medidas coherentes al respecto de lo que la Asociación Hermanos Saiz ha estado diciendo por años y que sentimos está siendo escuchado con gran atención. Alguien decía en la mañana de ayer: … todo debe ser revisado … y es cierto. Frente a la banalización y la nulidad del pensamiento, se hace cada día más necesario alistarnos en una vanguardia, no solo artística y literaria sino también en una vanguardia de la creación del presente y el futuro.
Quiero además citar una reflexión martiana muy a tono con esta asamblea: “(…) Toda nación debe tener un carácter propio y especial. ¿Hay vida para los ingenios patrios en una escena ocupada siempre por débiles o repugnantes creaciones extranjeras? (…) Una nación ha de querer que los elementos que la forman sean estables, sanos y grandiosos, y vengan de fuentes limpias y constantes, que corran a la luz, para que se pueda ver cuando se enturbian y acudir en sazón a purificarla (…)”
No hay comentarios:
Publicar un comentario