Por Juan Carlos Travieso Fajardo
Me gustaría aclarar que tengo sobre la televisión una mirada crítica, sí, pero mis palabras no salen de la boca para afuera, salen del alma de un joven que ama la TV como medio expresivo; un joven que ama la televisión porque desde los 8 años estoy en ella de una forma u otra, y ya casi tengo 35 años, por lo tanto son casi treinta años de mi vida dedicados al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) —imaginen… de San José de las Lajas a La Habana para trabajar todos los días—, eso no lo puede engendrar otra cosa que un amor muy fuerte por lo que hago y una pasión que no permite entender ni aceptar a los que con su facilismo y mediocridad la aplastan y la hacen menor. A ellos van mis reflexiones, no a los que con talento la fundan.
Considero que una de las cosas que tienen que definir, de una vez y por todas, la Televisión y los organismos competentes es ¿hacia dónde va la política cultural de los medios en Cuba? Debe definirse por el bien de este país y el futuro de las nuevas generaciones qué es lo que conviene que se pase o no por la Televisión. ¿Hasta qué punto es preferible continuar el culto al mal cine de Hollywood todos los días y a toda hora, o de una vez y por siempre aceptar que se pasen por nuestra TV las producciones cubanas de cine? Algunas películas cubanas, convertidas incluso en clásicos del cine contemporáneo latinoamericano, y que para nuestros medios audiovisuales no existen.
¿Acaso hay miedo de enfocar nuestras realidades?, pregunto. ¿Por qué? Y me encantaría conocer la respuesta si es que alguien la tiene.
¿Hasta dónde es preferible continuar exhibiendo los documentales enajenantes que sobre animalitos y extraterrestres continúan produciendo “con toda intención” los medios globalizados y neoliberales? ¿Por qué no se aceptan los tantos documentales realizados en Cuba que intentan una mirada crítica de nuestra realidad? El propósito de estas obras y sus jóvenes realizadores como yo, no se limita solo a la crítica, son un llamado de alerta, son generalmente un dedo puesto en la herida para que la Revolución no se desangre.
Me pregunto: ¿Si ese es el espíritu de esas obras, si ese es el espíritu de sus realizadores, por qué no se pasan por la televisión? Pero voy más allá… ¿por qué no tienen (aunque sea) una proyección constante en salas de video o de cine en nuestro país?
Existe, sí, una muestra Nacional de Nuevos Realizadores convertida con el pasar de los años en el único lugar que legitimiza esas obras, pero las legitimiza solo para la capital en esos 3 o 4 días que dura la muestra; el resto del país y del año, esas obras no se conocen. ¿Por qué no garantizar su exhibición en cada provincia?
Son aspectos que deben estudiarse y definirse. Hay que encontrar espacios, porque con esas obras y la reflexión sobre nuestra realidad que en ellas se muestra no pretendemos los jóvenes realizadores destruir la Revolución, al contrario, queremos fortalecerla.
Durante los debates en comisiones de este Consejo y las intervenciones de los delegados e invitados, traté de entender mejor lo que pasa con los programas musicales en la televisión. Entiendo los pasos que se están dando, pero deben apresurarse los resultados, porque cada minuto que pasa provoca un daño irreversible y destruye en segundos los valores forjados durante tantos años.
Recomiendo a la dirección de los medios que nos representan, pensar que el arte es por sí mismo revolucionario y que mientras sea arte lo que propongamos, será revolución lo que estemos defendiendo.
Lo inaceptable es que programas como el de Alfredito Rodríguez (copia de la copia) vuelvan cada año a la pantalla en espacios, días y horarios privilegiados. Pero me duele más que en los propios debates se intentó utilizar ese programa como material de estudio, y nadie se hizo eco, nadie explicó como proyectos así llegan a la pantalla. Nadie quiso enfrentar o asumir públicamente cuál es la causa de tantos horrores repetidos. No olvidemos que el silencio otorga. Y no es convertir el mito de Alfredito en el centro de nuestras reflexiones, ese no es más que un ejemplo, entre tantos que tiene la televisión incluso peores.
Por último, algunos apuntes a tener en cuenta… Hay que potenciar la superación del personal de nuestros medios. Hay que aumentar su nivel técnico y profesional. Hay que amar lo que se hace en la Televisión.
Hay que proponerse cambiar las formas, acabar con las metas. La Televisión no puede seguir como un medidor de tareas. Hay que balancear mejor las cosas y propiciar la diversidad racial, musical y genérica. La Televisión no puede ser para todos a la vez, hay que segmentar más la programación, porque los programas y mensajes para todos, está demostrado, no llegan a nadie.
Creo que solo con buenos resultados en la pantalla, hoy lograremos que los jóvenes se interesen en la televisión para hacerla mejor mañana.
Muchas gracias.
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