viernes, 22 de diciembre de 2006

ENCARNAR LA CUBANÍA

Por Fernando Luis Rojas

((Intervención de Fernando Luis Rojas López, presidente de la FEU de Ciudad de La Habana en la sesión plenaria y final del VII Congreso de la organización.))

El Congreso nos ha lanzado a debatir. Nos convocó Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Definir qué nos hace vulnerables constituye una invitación al análisis. Identificar nuestros retos pasa por conocernos.


Con su proverbial sabiduría, Martí, el cubano de siempre, nos enseñó que los estudiantes son el baluarte de la libertad y su ejército más firme y nos legó también la certidumbre de que la cultura es el lúcido camino a la libertad. Esa relación estudiante-universidad, cultura-libertad, ha perdurado y es el principal escudo de defensa de la Revolución en la actualidad.

Cuba es parte de un mundo agitado, de significativas convulsiones, he aquí una misión: conocer el mundo y entender nuestro país insertado en él. Al capitalismo no le preocupa devorar sus símbolos. Es la lógica del mercado: generar productos, condicionar las necesidades de la gente, generar productos, condicionar nuevas necesidades.

Un círculo vicioso que premia el artificio y la sutileza. Son las leyes invisibles del capitalismo actuando silenciosas sobre el común de la gente. Para la Cuba socialista por su aspiración de lograr una sociedad incluyente, por pensar en todos el reto es mayor. Debemos seguir esforzándonos por articular las aspiraciones de cada cubano, con nuestra vocación de construir en colectivo. Hay que hablar, explicar, debatir, la gente debe identificar que cada paso que incluso tribute a un sector específico, se revierte en mejorar su realidad, su entorno, pero eso no se logrará espontáneamente. Está la influencia del Período Especial, sobre todo en la gente joven.

Nuestras experiencias, nuestra realidad ha sido la de los años noventa, pero hay que sacudirse cualquier complejo. Esos años 90 hemos de asumirlos como nuestra dura escuela, es un servicio que podemos prestar a la Revolución. Sucede que necesariamente debemos mirar más lejos. El desarrollo científico-técnico, internet, la globalización, el redimensionamiento del papel de los medios, imponen retos a cualquier sociedad que sitúe como centro al hombre. Debemos prepararnos mejor para asumir estos acelerados cambios sin traumatismos y sobre todo sin concesiones de principios. Resulta ineludible mencionar el tema de la educación. En este sector la lectura debe ser todo hacia el frente, porque en buena medida la educación es el frente.

El proceso de universalización de la enseñanza debe caminar hacia la consolidación de la universidad como centro de la vida cultural, estimulando el equilibrio entre la oportunidad de convertir a toda Cuba en una universidad y la necesidad de fortalecer los componentes en lo académico y lo axiológico.
El conocimiento para los cubanos no es un lujo, es el arma para combatir la vanalidad, la superficialidad y el individualismo. Cualquier alternativa o iniciativa en este sentido debe estar marcada definitivamente por la intención de formar un mejor profesional.

Promover una vanguardia, desligada de un sentimiento de élite, sin autosuficiencias estériles, una vanguardia que asuma su papel con modestia, que guíe e incorpore, que no se cierre, es también necesaria.

Una segunda misión: caminar es estudiarnos, mirarnos, definir las carencias y retos que tenemos. La universidad está llama a adentrase en el debate cultural, en orientar a nuestra gente desde sus preferencias. Hay mucho que combatir y andar. Es importante proyectarnos en la función de los medios, especialmente el papel que juega hoy la televisión. En Cuba existe el talento para presentar propuestas de calidad, que a la vez sean atractivas. Los gustos no pueden imponerse, pero se puede incidir sobre ellos.

Se escribe con calidad en esta Isla. Aparecen personaje en la literatura cubana que generan atracción, complicidad. Acojamos estas ideas. Seguimos prefiriendo a Elpidio Valdés antes que Superman, pero eso ocurrió porque tuvimos desde pequeño un cubano legítimo, un mambí que tenía un lenguaje claro. Tuvimos una referencia. Hay que reforzar los patrones referenciales desde nuestra realidad. El éxito no radica en la exclusión de espacios, sino en reforzar los nuestros. Avancemos en formar en nuestra gente la capacidad de discernir la basura, el
enlatado, de lo que realmente tiene calidad. Los pequeños espacios son definitorios. La cuenta es clara, en ellos llegamos a la mayoría.

Las conferencias, los seminarios, son un escalón, no serán nunca el fin. Hay que potenciar, incluso, la bilateralidad en las discusiones. Todos deben sentir su espacio. La profundidad, el ir a las raíces se gana en lo cotidiano.

Este Congreso ha sido una encarnación de cubanía, un Congreso multirracial, multinacional, un Congreso diverso, como debe ser, porque lo homogéneo, lo lineal, lo inamovible, no es revolucionario. Nos lo enseñó Fidel, siendo el principal guía y el crítico mayor de nuestra obra. El aporte grande de la Revolución es la participación, con insuficiencias y errores, pero sin excluidos. Sí, es muy fácil para los imperialistas separar un espacio de aparente participación, que lo disfrutan los propios beneficiarios del sistema, un espacio mínimo, porque el mal de fondo existe ahí, no se construye en colectivo.

Segunda referencia a la cubanía. Somos patriotas porque la Patria está por encima de todo, porque nuestro himno es muy cubano y no fue un engendro artificial soplado del Norte o del Este; porque Céspedes pensó una Cuba libre de España y de cualquier potencia antes de conocer las preclaras doctrinas de Marx; porque le hemos dado al mundo hombres de ingenio y talento y debemos seguir haciéndolo. En ello pesa mucho la universidad, por eso hace falta una universidad sea sede municipal o central, que sea rica o atractiva, que invite cada vez más a quedarse en ella. Es la universidad una fragua de espíritus.

Estimulemos el rigor, consolidemos el compromiso desde el conocimiento. Cuba sigue siendo necesaria para el mundo, pero el panorama de las fuerzas de izquierda cambia, se avanza en Latinoamérica y nosotros podemos aportar mucho. Para ellos hay que estudiar más, hay que trabajar más, hay que desarrollarse más.

Resulta paradójico que uno de los debates más amplios sobre el discurso del Comandante en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre, se diera en Rebelión, una revista digital, en el exterior.

Por orgullo sano no puede arrebatarse del ambiente universitario, de la brigada, el parque, la casa…, una discusión que es nuestra, dura, aguda, diversa, incómoda, pero útil, necesaria e incluso, vital. Sería de mucho impacto estimular en nuestros medios debates que se alejen de lo fenoménico, del mero reporte a veces y potenciar más la reflexión, como existen algunos y es bueno. La gente se identifica con eso.

Con seguridad nosotros lo asumimos, el Congreso nos enseña, hace aflorar nuestros errores, nos ha educado en escuchar y en reconocer, públicamente, cuándo nos equivocamos. Eso no disminuye a ningún revolucionario, lo prestigia. Con el sano orgullo de sabernos revolucionarios, sin ningún complejo, ratificamos que la FEU capitalina, como de seguro la de Cuba, seguimos siendo una FEU de Patria o Muerte y victoria.


Tomado de Alma Mater

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