Por Miguel Sancho Fernández
No tiene sentido extraer frases disociadas de un buen discurso si se puede leer todo, es algo así como convertir en afiche la “Mona Lisa”, la obra maestra reducida a caricatura. Por eso, cuando la discusión de un documento se vuelve en síntesis de citas, es ese el primer síntoma de su simplificación; trataré entonces sin creerme libre de faltas de comentar con pocas referencias el trascendente discurso de Lage en la celebración del aniversario 45 de la UJC.
Qué hace especial a este discurso que muchos ya lo incluyen entre la clase de los imprescindibles, junto al discurso de Fidel del 17 de noviembre, el de Felipe de la Asamblea Nacional, o el de Raúl en el Congreso del Sindicato; en lo adelante algunos puntos a considerar.
La relevancia no está en verdades nuevas, aunque los puntos de vistas son novedosos los problemas son archiconocidos, pero son verdades no asumidas en el discurso “correctamente” político, temas que no aparecen en nuestras agendas, tan ignorados al punto de quedar como fantasmas merodeando en nuestras mentes, y sabemos que los fantasmas no son del gusto de los cuerdos.
Cuando esos temas con los que nos sentimos autocensurados, son expuestos por la dirección de la revolución y validan la necesidad de abordarlos de manera crítica y de encontrarles soluciones radicales, chocamos tan fuerte con la realidad que la primera reacción es de desconcierto. En ese sentido es un discurso esclarecedor, que se propone discernir, revisar todo cuanto hacemos para hurgar en las causas de las cosas hasta llegar a sus esencias.
Es un discurso abierto, que desde el principio se plantea el reto de lograr un diálogo, invitando al interlocutor a que piense y medite, lo que hace que no se pueda valorar definitivamente hasta que no cumpla su última milla, esta se complementa cuando vayamos una y otra vez de sus líneas a nuestro pensamiento, mientras tenga sentido ese ejercicio estará abierto este discurso. En coherencia con esa idea hace que una de los ejes sea precisamente el sentido de la crítica y la necesidad de su uso cada vez más aguzado y comprometido de los jóvenes.
Entre las contradicciones que debela está, la diferencia sustantiva entre activismo e implicación, la insuficiencia de determinadas prácticas políticas para calar en la sensibilidad y conciencia de los jóvenes, para conocerlos y formarlos como verdaderos revolucionarios; todo lo cual junto a otras causas, a resultado en un resquebrajamiento de la legitimidad de la organización como vanguardia de la juventud cubana.
El discurso, es un discurso vivo que todavía le queda mucho por hacer, su peor mutilización es que lo tomemos como un material más de discusión de nuestras reuniones de base, sin mayor trascendencia. En el se proponen nuevas prioridades de trabajo, alcances, objetivos, que deben ser del mayor interés de toda la organización como un todo.
1 comentario:
"muchos ya lo incluyen entre la clase de los imprescindibles" dices...si...pero.... ,lamentablemente no tantos como exige y no precisamente aquellos a los que más les toca. Para mi, es un discurso antológico, debe marcar un antes y un despues en el discurso oficial de la organizacion, y lamentablemente no pasó del mes de abril.
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