Por Marileisy Castillo Garcia
Si de injertar valores se trata somos una juventud diferente. Algo así como varios factores obstruyendo la aspiración de convertirnos en la continuidad revolucionaria. Diría que existen varios puntos esenciales que llaman al porqué de la marcada diferencia, si bien es comprendido que cada generación tiene atributos específicos la nuestra en especial lleva a cuestas muchas de estas particularidades.
Jóvenes que no conocieron -como bien nos comentaba Lage – los momentos de considerable fecundidad económica del socialismo cubano, que nacieron y les tocó vivir en pleno periodo especial muchas veces pueden preguntarse el por qué de un sin número de conceptos que a diario merodean, dígase socialismo, comunismo, independencia. Para nosotros la revolución siempre ha estado hecha, siempre hemos tenido a un líder y una escuela. Para nosotros un gobierno dependiente de la política norteamericana, una huelga o frases como “Muero por la Revolución” son solamente reales a través de los libros de historia de Cuba, sin más recursos para saber si hubiéramos sido un Mella o un José Antonio que los valores en los que nos hemos formado y dictan arrojo, explosión muchas veces alejada de verdadera conciencia.
Hablar de juventud sin paralelizar cognición revolucionaria en estos tiempos es una causa de antemano perdida y no queda ahí, ¿Como demostrar a un joven que hoy pertenezca a la UJC (incluso a los que comparten la edad pero no la organización) que el socialismo es la opción más inteligente? Hay que estar convencidos de tener los argumentos necesarios para demostrárnoslo a cada instante, esa no es tarea ocasional, sino más bien cotidiana. El joven que en este momento la historia necesita debe reunir más fuerza en las ideas que cualquier otro que le haya precedido, para saber enfrentarse a guerras mediática, a incertidumbres poderosas, convencido de la doctrina en que vive, no solamente con un puñado de conceptos filosóficos. El joven que se reclama en nosotros no solo responde a un interés de la revolución, responde a un interés del ser humano y sus necesidades para lograr de la sociedad un espacio armónico.
Lage nos hace un llamado a la reflexión, no solo a jóvenes sino a todo el que en un momento determinado ha cuestionado o interiorizado la necesidad de formar con la sabia las nuevas generaciones, disponerlas para vernos por dentro, para tirar de nuestros problemas que están lejos de inexistir. Esta juventud no puede ser facilista, creer -como se tiende- que todo está hecho, que todo está dicho, no se equivocaba nuestro comandante cuando alcanzando enero de 1959 aseguraba “Nadie se llame a engaño: la Revolución comienza ahora. Es en estos días por venir, cuando la tarea revolucionaria es más dura y difícil”. Demostrado está, lo difícil no ha concluido ni concluirá mientras quede una generación posterior que integrar. Una revolución es un sistema y como todos los demás necesita reposición de sus unidades estructurales y funcionales, un organismo está llamado a sustituir sus células, veamos a la revolución como un gran organismo, presto a renovarse cada día, contando con nosotros, las células encargadas de tejer el futuro.
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