viernes, 19 de octubre de 2007

Discurso en acto de entrega de sello del aniversario de la FEU a Juventud Rebelde.

Por Carlos Lage Codorníu

Es difícil y a la vez hermoso ser un joven de estos tiempos, amar nuestra construcción colectiva, intentar entender el sueño común y luchar hasta la desgarradura por nuestra propia interpretación, cultivarla a diario en el calor de lo cotidiano y ensanchar horizontes, luchar con tus dudas y tus optimismos, caer y levantarse casi hasta el cansancio o hasta volver a levantarse.


Pero supongo que tanto más difícil y hermoso puede resultar hoy ser un joven periodista. Bajarse de un camello, cargar día a día las imágenes y los rostros de la resistencia, enfrentar por veces la desidia, la incomprensión, la apatía, mezclarlo en el ajiaco de las buenas y tantas experiencias, de los impulsos y las inyecciones de Fidel, Raúl, de Chávez, del hombre de pueblo o el niño que en un gesto te dejó fuerzas para rato.
Y después, escribir y tratar de reflejar esa realidad diversa, compleja, desafiante, intensa, en los avatares de nuestra política de hacer periodismo, así como es, con sus razones y sus sinrazones. Y después, intentar empujar y poner temas, aunque a muchos no les guste. Y a veces, sentirse solos o sin el apoyo suficiente, porque nosotros los jóvenes, jóvenes rebeldes, escribimos poco, o utilizamos poco nuestros espacios para llevar con ímpetu ese discurso nuestro, el único coherente y necesario hoy.
Si vale un homenaje en este aniversario, es a los periodistas nuestros, a los que han seguido aquí, intentándolo, creyendo, conscientes de que sólo es posible gota a gota, viviendo, sintiendo, y asumiendo los retos y los costos, satisfechos de haber seguido aquí.
Y vale más el homenaje si a los merecidos reconocimientos se suman los análisis de lo hecho y lo por hacer; se suma la convicción de que aún entre obstáculos y vicisitudes, muchas son las reservas organizativas, de rigor profesional, humanas, espirituales, para hacer mejor lo nuestro y llevar a cada rincón nuestro mensaje.
Aunque estas palabras son muy mías, hablo en nombre del Buró Nacional de la UJC y para explicar la entrega a Juventud Rebelde del Sello por el aniversario 85 de la FEU. Si aun no bastaran, sientan ese sello y estas palabras como resguardo para el bregar de cada día, como homenaje a su heroísmo anónimo (que es el de todos los cubanos) y como aliento para seguir batallando por una sociedad mejor.
Ninguna tarea será fácil, difícilmente grata, hoy en Cuba. Corren tiempos duros, de cubrir la herida que caló en la formación de nuestros jóvenes, en la actitud de nuestros padres, en nuestra cultura y en nuestras fórmulas de resistencia. Ningún revolucionario tendrá un lecho de rosas esperando, pero es esa nuestra fe y hay razones para el optimismo.
Creo tremendamente en el proceso que impulsa el Partido de discusión de las palabras de Raúl el 26 de julio. Creo en Fidel mirando al horizonte y Raúl mirando nuestros pasos, creo en la amistad de Chávez. Creo en la vanguardia de nuestros jóvenes donde quiera que estén, creo en nuestros intelectuales unidos, creo en nuestro pueblo y en nuestro orgullo de cubanos, creo en el ejemplo de lo mejor de nuestros dirigentes. Creo en nuestros periodistas. Creo en nuestra historia y creo que no hay cosa que no podamos hacer los cubanos, si lo hacemos unidos.
¡Muchas felicidades! ¡Patria o Muerte!