Por Miguel Sancho
¿El hombre piensa como vive o vive como piensa? Recuerdo que esta pregunta en las clases de marxismo que recibí, tenía una respuesta rápida y fácil. Quizás, en la propia reproducción de los manuales fue desvirtuando la riqueza que reposa en el fondo de esta interrogante.
Para argumentar una respuesta afirmativa, bastaba con hacer alusión a uno de los principales descubrimientos de Marx, sobre el que Engels dijo :
Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana. El hecho, tan sencillo, pero oculto en la maleza ideológica, de que el hombre necesita en primer lugar: comer, beber, tener un techo y vestirse antes de hacer política, ciencia, arte o religión, etc.
Si la conclusión de que el hombre «piensa como vive» la derivamos literalmente de esta cita, estamos suspensos en lógica elemental, aunque hubiese sido suficiente para alcanzar la nota máxima en el marxismo de mí tiempo.
Lo que podemos asegurar según la mencionada ley marxiana, es que el hombre que viva en condiciones infrahumanas, por debajo de las condiciones básicas de vida históricamente determinadas, su pensamiento y su actuación estarán limitadas a la sobrevivencia, a tratar de reproducir su modo de vida de subsistencia.
La segunda conclusión importante es que en última instancia las razones que pueden explicar a grosso modo el desarrollo de las instituciones políticas, concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso religiosas, tendrán su base en la correspondiente fase económica de desarrollo. Estas conforman el ADN del pensamiento, la capacidad de hardware instalada y no pocos de los sistemas básicos de software.
Para mayor claridad contamos adicionalmente con la rectificación del propio Engels «...Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda ».
El desarrollo del pensamiento no se puede reducir a una enmarcación mecánica dada por las condiciones de vida. La respuesta a la pregunta tiene que ser ambigua, y parte de una inadecuada formulación, no se trata categóricamente ni de una ni de la otra, si bien la primera «el hombre piensa como vive» es factor determinante, lo que busca la práctica política es lograr en lo posible lo segundo, de modo que el hombre sea capaz de romper las cadenas que lo condicionan a un pensamiento predeterminado y emanciparse, en tanto trasforma la realidad y se trasforma a si mismo, en el éxito de una revolución continua.
Si no fuese así, como explicamos la actuación de muchos líderes revolucionarios que renunciaron a su propia condición de clase para aliarse a las causas más justas de su tiempo. O el caso contrario de los jóvenes irreverentes, antiimperialista que lucharon en la Sierra y fueron capaces de cambiar el orden social más allá del imaginario de lo posible y que igualmente se cambiaron a sí mismo en la lucha.
No quiero afirmar un idealismo, esto no significa que podamos tornar nuestros deseos en realidades, sino que por ser el socialismo una construcción consciente e intencionada, sin que sea un proceso determinista en el que podamos definir de modo infalible nuestro devenir, se puede acelerar el paso del presente al futuro, y ocasionalmente romper con el futuro aceptado como posible.
Algunas de las advertencias y respuestas al mito de que el hombre es solo producto de las circunstancias lo podemos encontrar en la misma obra de Marx, en una de sus críticas al materialismo que le precedió, en su famosa Tesis Sobre Feuerbach planteó:
La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son productos de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educado necesita ser educado…
La conciencia de la modificación de las circunstancia y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como «práctica revolucionaria». Este es uno de los grandes legados que nos dejo Marx, la importancia de la actuación revolucionaria, entendida como actividad «práctico-crítica», en la transformación de la sociedad y del propio hombre como parte consustancial de ella.
Fernando Martínez Heredia afirma que «la educación revolucionaria tiene que producirse como actividad que va más allá de lo que “normalmente” debía esperarse de las limitaciones de nuestro medio social actual. En realidad el proceso revolucionario es resultado, en sus rasgos más generales, de la violencia que ejercen los hombres sobre sus condiciones de existencia, para arrancarles efectos diferentes a los que normalmente producirían. […] la educación se propone nada menos que mantener la formación de los individuos siempre por encima de aquella que generarían sus condiciones de existencia».
Una y otra vez esta verdad de la praxis revolucionaria se ha llenado de la maleza ideológica a la que se refirió Engels, evolución de esa mala yerba genéticamente modificada son las teorías capitalistas del «fin de las ideologías» promovida en los años 50 o más recientemente a finales de la década de los 90 la teoría del «fin de la historia».
Si en primera instancia el hombre piensa como vive, lo que intenta el socialismo es subvertir en lo posible esta relación.
2 comentarios:
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