martes, 25 de septiembre de 2007

Los medios deben jugar un papel educativo y regulador

Por Miguel Sancho

Como paradigma del ejercicio de pensamiento crítico y de fomentar una adecuada cultura del debate, nuestros medios de comunicación juegan un papel educativo insustituible, el modo en que los medios nacionales manejen la información tiende a reproducirse como reflejo en toda la sociedad.

El pensamiento crítico debe estar signado por una dimensión ética, cuyo rasgo esencial es establecer un compromiso ineludible con la verdad. Nuestro Héroe Nacional José Martí, planteó:

«En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin venda ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos (…) Conocer es resolver. Conocer el país y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de las tiranías. »


Llama la atención cómo existen temas sobre los cuales en los medios nacionales existe silencio. Tanto en los órganos de prensa oficial como en la televisión, no se realiza prácticamente lectura de nuestros errores internos, tendencias negativas, incluso para informar sobre las medidas tomadas ante determinadas indisciplinas (solo en contados casos). Espacios tan importantes como la Mesa Redonda no tratan muchos problemas de nuestra realidad económica, más allá de los que previamente hayan sido introducidos y discutidos por la dirección de la Revolución. Muchos de los temas polémicos de nuestra sociedad no encuentran una contrapartida en los medios.

El problema no es solo que nuestros medios nacionales puedan perder en ocasiones credibilidad ante el pueblo. Muchas de estas ausencias corresponden por un lado a un insuficiente diseño y conducción de estrategias cultural del binomio estado-partido, y por otra de la falta de iniciativa y poca concientización de los ejecutores, sin embargo para el imaginario colectivo se muestra como una política de censura y prohibiciones.

Lo más peligroso y lamentable es que poco a poco va distorsionando la política cultural de la Revolución sintetizada en la frase “Lee no cree”, dejando de ejercer su función formativa de una conciencia crítica, además de su rol regulador y su papel realmente revolucionario en la construcción socialista. Enfoques autocomplacientes y conformistas hacen acostumbrarnos a convivir con los problemas con comodidad. Los medios en manos del pueblo tienen que tener un papel de denuncia, de lucha contra los males que perseveran hoy en nuestra sociedad.

Esa conducta se reproduce en medios locales (con meritorias excepciones): superficiales en la crítica de la realidad cercana, sin que en este caso se puedan justificar razones de guerra mediática como en el caso de los medios nacionales, de modo que se ha ido creando una anticultura del ejercicio del pensamiento crítico en la mayoría de los medios. Siempre existirán temas que no podrán ser tratados públicamente, pero tenemos que ser capaces de reconocer la distancia de eso a un limitado ejercicio de la crítica.

No podemos de ningún modo pecar de inocentes. Las críticas que sean discutidas en nuestros medios tendrán de manera inmediata un eco en los monopolios de la información. Un eco por demás, distorsionado, con todo el veneno que caracteriza a estos voceros del imperio. Se trata de una guerra en la que el imperialismo cuenta a su favor con gigantes informativos. Pero de todos modos, ellos siempre distorsionan verdades e inventan mentiras, y sus mejores oportunidades son los temas que no son abordados por nuestros medios. Muchas veces llegan a pagarles a supuestos disidentes, en su búsqueda incansable de la «noticia periodística». Luego, creemos que es importante reflexionar a partir de nuestro contexto (de guerra) actual, cuál debe ser el grado de cambio a nivel nacional que pudiéramos proponernos, para que los medios jueguen mejor el papel educativo y regulador que les corresponde en el proyecto socialista.

Se trata como bien ha reiterado nuestro ministro de Cultura Abel de «hacer en una trinchera un parlamento».

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los medios de difusión de masas (M.D.M) ¿son un reflejo de nuestra sociedad o es una expresión del papel que juegan estos dentro del proceso de-formación en los individuos?.He ahí el problema fundamental de la filosofía en tiempos de internet, globalización y satélites capaces de conectar a las personas desde los más insospechados y distantes lugares del mundo,que lo entendamos como un reto y los empleemos como instrumento para sembrar valores y crear conciencia de las realidades de este mundo nuestro, será el santo grial de estos en el socialismo, quienes tienen responsabilidad directa en la materialización de dichos objetivos no deben obviar que los ciudadanos debemos instruirnos, entretenernos y educarnos a través de los (M.D.M), esto pasa por el tamiz no solo de vernos reflejados, sino además convertirse en los ojos, oídos y voz del cubano de a pie o en palabras del maestro ser "la espada que cura a quien hiere".