Los dirigente vimos este proceso quizás esperando saber qué dice la gente sobre el discurso de Raúl, desconociendo que todos somos parte de esas realidades que ahora mismo se está cuestionando la gente, y no sólo de los temas que desde la organización social pueden ayudar a erradicar esos problemas, sino desde las más sensibles afecciones que también adolecemos como cubanos. Como cubanos y revolucionarios es nuestro deber denunciar. Y con estas palabras, sólo quiero provocar.
Los años de período especial nos obligaron a ceder espacios, no esenciales pero que evidentemente comprometían el futuro y establecieron normas de convivencia moral y desigualdades a las que no estábamos acostumbrados los cubanos. A ello se sumó el recrudecimiento del bloqueo y la llegada de la globalización cultural.
Mucho hemos sufrido y unos problemas han generados otros. Unas soluciones han abierto nuevas contradicciones. Por años hemos vivido al día, sin saber lo que se come al día siguiente o en qué transportarnos, no sólo en la casa, también como país. Nadie pudo haberlo deseado y a estas alturas de grandes contradicciones y necesidades de cambios hay que recordar cómo llegamos hasta aquí. Hubo muchos errores y muchos que dejaron marcas duraderas, pero fueron los errores de quienes asumimos no virar para atrás y por tanto emprender un camino incierto. Si viráramos hoy mismo el 10 o 15 años nadie sabe si lo pudiéramos hacer mejor. Hay que haber estado en Cuba para saber cómo hicimos los cubanos para llegar hasta este momento, difícil, tenso, definitivo, pero indudablemente superior.
Valga esta aclaración porque si hay algo que preocupa hoy no son los problemas acumulados o la incapacidad en ocasiones de la gente y las instituciones para resolverlo. Lo que verdaderamente me preocupa es la falta fe, la falta de confianza en los dirigentes y las instituciones para resolver o dar respuesta. Una frase frecuente lo dice todo: “para qué hablar si de tomos modos no se resuelven los problemas”. De manera que podemos estar discutiendo de muchas cosas, pero a mi juicio hay algo que tenemos que rescatar y fortalecer los cubanos y es la confianza de la gente en las instituciones de la Revolución, que es decir la Revolución misma.
Pero la sola satisfacción de las necesidades materiales no responderá ese problema, porque el ser humano siempre querrá más y muchas, muchas veces le tendremos que seguir diciendo que no hay y allí tendrán que funcionar otros resortes (tan olvidados) políticos, morales, educativos, humanistas.
Veo la gran amenaza a la continuidad de la Revolución, entonces, en la falta de identificación de la gente (fundamentalmente los jóvenes) con la propia Revolución. Y no vamos a llamarnos a engaño, no son algunos jóvenes, o alguna gente; hay mucha gente desconectada. Lo peor es que no son contrarrevolucionarios, simplemente decidieron coger cada uno por su lado.
Esa falta de identificación se expresa en dos grandes grupos de problemas:
1. Errores en políticas macro a aplicar por la dirección del país o políticas macro que debieran haberse aplicado atendiendo a los problemas de nuestra sociedad.
2. Degradación ético moral de la conducta social, que nos pueden ser resueltos por ninguna política macro, pero sí pueden afrontarse por todos en mejores condiciones a partir de algunas medidas que den aliento y confianza a la gente.
Hay a mi juicio cuatro grandes macro temas:
1. La participación ciudadana expresada fundamentalmente en:
4 La distancia enorme entre el discurso y la vida real, sobre todo de dirigentes y medios de comunicación. La gente necesita que se le hable de sus problemas diarios, que se le dé optimismo y fe, pero a partir del reconocimiento de esos problemas. Punto aparte puede ser aquí el de los dirigentes, convertidos muchas veces en máquinas para cumplir tareas y sin una preparación como cuadros con nivel cultural prestos a cualquier debate y listos para crear y transformar en su espacio.
4 La inoperancia de la representatividad de los órganos del Poder Popular, desde la incapacidad de los delegados de circunscripción para resolver problemas reales (aunque tengan las mejores intenciones) hasta una Asamblea Nacional donde hasta las últimas dos sesiones no aparecían los temas de la verdadera agenda nacional. Hay que ver cuanto no importa esto a los jóvenes o cuanto lo desconocen.
4 La falta de representatividad de las organizaciones sociales y de masas, confundidas muchas veces unas en otras como si fuera la misma organización con nombres distintos o distintos rangos de edades. Confundidas también con los roles institucionales, perdieron prestigio entre los representados. En este caso está la FEU, que adolece de esos mismos males y que todo cuanto hacemos hoy aun es poco para atacar vicios y lastres dogmáticos que son, a la larga, contrarrevolucionarios.
Sobre este tema en particular, al menos de nuestra experiencia en la FEU, está claro que no se trata de que la gente no quiera participar. La gente no quiere ser parte de una organización que no oye, que no tramita intereses, que no se sabe si es un departamento más de la institución, que no es auténtica, que no cuenta con dirigentes con liderazgo. Si hubiera un lugar por donde empezar, creo que es por los dirigentes, y dentro de ellos, por su liderazgo y su humildad.
Se suma a la debilidad de las organizaciones, la debilidad de las vanguardias, que no se sabe ya si son vanguardias. ¿O es que podemos asegurar que en la UJC, al menos, está la vanguardia de la juventud cubana? Yo creo que no, que hay mucha gente buena, pero también mucho oportunista y que la organización se convertido en una más (al menos en la base) con más responsabilidades. Eso hay que lanzarlo al debate, porque la vanguardia no puede ser sólo nacional, es una necesidad que haya vanguardia en la base y si allí en la base la UJC no es vanguardia, para qué la queremos.
2. La economía socialista.
De la economía creo que todos sabemos cuáles son los retos, para mí dos fundamentales:
4 El salario, que al no alcanzar es el principal estímulo a la doble moral, el robo, “la lucha”, el despilfarro, la corrupción.
4 La doble circulación de la moneda, que es la principal causa de las desigualdades de la sociedad cubana de hoy: nos diferenciamos por tener una moneda u otra.
Sin embargo, Cuba es un país pobre, y aunque hay que apostar a fórmulas novedosas de distribución del ingreso, de compensación de la moneda, etc. creo que no sólo se trata de distribuir nuestra pobreza, sino de aspirar algún día a distribuir nuestra riqueza o nuestra bonanza económica. Y para eso hay que producir, Raúl lo dijo claro, el secreto está en la producción y en la eficiencia de la producción. Creo que no hay recetas absolutas. Hay que probar y equivocarse, pero hay que probar mucho para irse acercando al modelo nuestro que no necesita parecerse a nadie más que a nosotros.
3. La calidad de las conquistas sociales.
Supongo que este es uno de los temas más tratados en los debates. Porque duele que después de que la Revolución haya logrado tanto en materia de educación y salud, al punto de ser fuente para impulsar procesos de cambio en el continente, que después de tanto dinero bien invertido en los años de batalla de ideas, haya tantas fisuras en nuestros sistemas de educación y salud. Tanta dejadez y desidia, tanta que consume el prestigio de las razones de nuestro prestigio. Este es un peligro nuclear.
Aquí entran a jugar aquellos problemas no macros de los que hablamos y que tienen que ver con la degradación de determinadas actitudes morales y éticas. Sin embargo, hay mucho que depurar del sistema y mucho que hacer también. Los esquemas muchas veces dogmáticos de dirección, la sobrecarga inhumana de responsabilidades a los maestros, decisiones obtusas, errónea interpretación de sus necesidades, falta de objetividad en el ataque a los problemas, entre otros son temas a revisar.
4. La política cultural.
Pudiéramos llamarle política ideológica, que lo más preocupantes es que no existe. ¿Cuál es nuestra política ideológica ante nuestros grandes desafíos ideológicos? Una tiene el ministerio de educación, otra tiene el sector del arte y la literatura (por suerte ahora mucho mejor delineada al menos en teoría por el departamento de cultura del Comité Central), otra tienen los medios de comunicación, otra tienen las organizaciones políticas y de masas. ¿Hacia donde vamos? No se articula, y lo peor, en muchos de estos sectores lejos de promoverse lo mejor de nuestra identidad, de nuestra cultura, que serían las mayores razones de unidad, se promueve el dogmatismo, se limita el pensamiento, se venden ingenuamente los productos más mediocres del consumismo capitalista, se pretende creer que por hacerle repetir u oír mil veces un concepto a la gente se está educando o influyendo. ¿No estaremos haciendo nosotros mismos la peor contrarrevolución? Unirnos, sabiendo respetar los límites a cada institución y la autenticidad de cada organización, sigue siendo la palabra de orden.
Hay mucho más de que hablar. Me limité a algunas de las cosas más alarmantes, seguro en el debate recordamos unas más. Ahora mirando a Fidel, siento que todos tenemos que impulsar muchos de estos cambios mientras él esté con nosotros y mientras esté Raúl, porque ellos tienen como nadie nuestra admiración, el prestigio y la autoridad para validar el rumbo futuro de la Revolución.
¿Qué hacer?
1. Como dirigentes. Luchar por cambiar y transformar, por atacar todo aquello que sabemos que está mal, sabiendo que lo hacemos en nombre de todos aquellos que aspiran a una Cuba mejor y no tienen el privilegio de estar en el lugar de nosotros. Sí, porque estar donde estamos, en este momento, es un privilegio para cualquier revolucionario. Sería imperdonable no aprovecharlo.
Luchar por acercar y promover a los dirigentes que necesitamos, aquellos con capacidad, disciplina, seriedad, pero sobre todo humildes, sensibles a las preocupaciones de la gente, críticos de todo cuanto ven, previsores, audaces, valientes. ¿Dónde están? Vayamos a buscarlos.
2. Como revolucionarios. Denunciar, denunciarlo todo y hay muchas cosas que aun faltan por denunciar. O es que nunca vamos a denunciar entre todos aquellos dirigentes jóvenes que tenemos cerca y desprestigian el valor de quienes verdaderamente se consagran. Aquellos que incluso se corrompen o abusan de sus responsabilidades. ¿Tendremos el valor de denunciarlos? ¿Sabemos el peligro de eso y el peligro mayor de que quedemos callados en temas como este, por ejemplo? Denunciar y predicar con el ejemplo, sentir que no hay nada humano que no debamos probar, practicar, superar. Luchar por ser mejores, que es difícil porque no hay receta en libro ni chequeo en sistema de trabajo. Eres tú contigo mismo, en contra de tus empaches y tus miserias.
3. Como jóvenes. Estudiar y absorberlo todo. Escuchar mucho a los mayores y con mucha humildad. La unidad es también intergeneracional. Nuestro impulso no puede olvidar cuanto representan. Al final, como decimos a veces, ellos fueron “los que tiraron tiros”. Vivir cada minuto intensamente, porque estamos sinceramente en una guerra contra reloj. La Revolución tiene aun grandes potencialidades. Siento, a pesar de estas contradicciones mucho optimismo, por los jóvenes de vanguardia, que aun siendo 12 y creo que son unos pocos más, valen mucho. Esos cercanos a 12, pero puros puros valen para volver a hacer la Revolución si fuese necesario. Y con ellos tenemos que avanzar sin perder un segundo.
Finalmente les leo un correo de Silvio para levantarles el ego y confiar en lo que hacemos, ojo, aun muy insuficiente: “…acepto el sello en nombre de Ojalá, que es un centro de gente muy trabajadora y buena, sobre todo porque sé que viene de jóvenes revolucionarios no dogmáticos, que están profundizando en nuestra realidad autocráticamente, como Cuba merece…”
PD: Todo esto que hacemos lo hacemos por el mundo. Si no nos exigimos lo suficiente nosotros, algún día las grandes masas de desposeídos que nos ven aun como el faro de esperanza y la fe en que se puede ser soberano porque sí, nos exigirán también.