Por Miguel Sancho
¿Por qué creo importante este tema?, precisamente por el escepticismo y la subvaloración de muchos sobre el papel de la subjetividad, espiritualidad, superestructura, o como quiera que le llamemos así como las distorsiones frecuentes de otros que supuestamente la valoran.
Días atrás publiqué en Kaosenlared el artículo El hombre no solo piensa como vive, y algunos me cuestionaron el hecho de pretender tergiversar el carácter determinante del mundo material. Sería un gran necio si no comprendiera como problema primario e impostergable la necesidad de solucionar el gran cúmulo de necesidades materiales que padece nuestro pueblo. Por otro lado, es cierto que Cuba se ha visto obligada a practicar la pobreza pero es una infamia inculparla de organizarla y reproducirla estratégicamente. Se tiene claridad de la necesidad de superar la pobreza, sin desarrollo no hay socialismo posible, no este sino el largo camino que nos falta recorrer.
Pero de eso se ha hablado, aunque quizás no lo suficiente porque los problemas persisten, a otros le seguirá tocando insistir; mi intención en este caso sin el deseo de subestimar esas verdades, es no perder de vista que además se trata de superar el modo de pensar [pre]existente y de crear una nueva cultura. Sostengo la idea que el desarrollo material no nos llevará por si solo al socialismo.
Una peor suerte corrió el artículo de Carlitos R. Almaguer que título “El Hombre Nuevo para un Mundo Nuevo” el que solo recibió un comentario, que dice:
"«Para que exista un mundo nuevo es requisito previo crear al hombre nuevo » , dice Carlitos, o sea todo lo contrario a "el ser social determina la conciencia social", como dijo Carlos Marx. Carlitos, Carlitos.....¿tu pasaste alguna escuela política, estudiaste algo de Marx? Una cosa son las vanguardias y las figuras revolucionarias y otras las masas. Si la condiciones de la nueva sociedad fueran los Martí, los Marx y los Fidel hace rato que hubiera comunismo en el mundo. Estos análisis religiosos son típicos del infantilismo de izquierda.”
Creo que sí, que carlitos [R. Almaguer] ha estudiado un “poquito” y con seguridad ha pasado más escuelas políticas que las de nosotros, la intensión de carlitos creo que es la misma de la que hable al inicio, retomar el valor de la espiritualidad, sobre todo conociéndole y sabiendo su devoción a Martí, él al igual que Fina cree en el “Amor como fuerza revolucionaria”. Sin embargo, esto no nos puede llevar al otro extremo y caer en un idealismo ramplón.
Me preocupa ver extendidos criterios como los de Dieterich en sus artículos sobre Cuba, en que ha insistido en la inviabilidad de esas ideas:
“Decía Fidel: « Sin valores éticos, no hay valores revolucionarios ». Si unimos la corrupción con su argumento de que no se logra imprimir valores heroicos con la educación, el panorama se vuelve más negro.
Fidel tiene razón, pero yo difiero de la idea del hombre nuevo. Crear al hombre nuevo en un mundo capitalista no puede funcionar. ¡Cuba, que ha estado cerrada al mundo capitalista por 46 años, no logró generar a ese nuevo hombre! Y si en las condiciones de Cuba no se logró, me parece que se demuestra empíricamente que más allá de una minoría de la población, no le puedes cambiar el software al resto.”“[…]Hay una “desustancialización teórica” en cada generación, y esto te lleva, junto con el impacto de la globalización, a que la nueva generación cubana tenga un nuevo pensamiento distinto al de la teoría revolucionaria. Y es un problema que no se puede resolver apelando a la buena voluntad de los jóvenes.”
O sea, por un lado la desmovilización proviene desde lo tanques pensantes al servicio del capitalismo, como son las mencionadas teorías del fin de las ideologías o de las historias, por otro nos llega por el escepticismo de la izquierda que proviene de no pocas verdades y heridas.
Prefiero insistir en la idea del equilibrio necesario, cuando el marxismo [pro]soviético cedió la balanza hacia al peso del mundo material al punto del fin justificar los medios (en el estalinismo), y no entender a la justicia, la equidad, la cultura, la felicidad como condicionante del desarrollo, desde ese mismo momento comprometieron su proyecto histórico.
Entonces nos hizo mucho bien tener como herencia a Martí. Quién su última frase a su hijo fue, se justo; y en la carta que bien conocemos a Fermín Valdez hablándole de socialismo le dijo “…el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa.” Martí creía en una república moral como punto de partida.
No apostamos por formar el hombre nuevo, sobemos bien que el hombre nuevo pertenece a un mundo nuevo, creemos en la necesidad de inocular los gérmenes del hombre nuevo, que vaya incorporando nuevos valores de esa sociedad por venir, eso no es apelar al voluntarismo, es solo posible en un sentido integrador, no solo por medio de formas más creativas en la actividad político-ideológico, o del diseño de una política cultural mejor intencionada, en ello tendrá que haber cambios estructurales, radicalización de la democracia socialista, nuevos métodos de participación en la gestión de la sociedad, cambios organizativos, normativos, metodológicos.
Corren tiempos de globalización, de transculturación y la penetración ideológica llega silenciosa a donde nunca antes. ¿No son pocos estos argumentos para desistir?, faltar a ese proyecto no significa ausencias de ideologías sino primacía absoluta de las ideologías del capitalismos. Esto no es poca cosa si comprendemos además que “los hombres toman conciencia de su posición social, y por ende de sus obligaciones en el plano de las ideologías”.
A. Gramsci sobre la unidad dialéctica que se establece entre materialismo y espiritualismo, observo:
“Hegel […]dialectizo los dos momentos de la vida filosófica, materialismo y espiritualismo.Los continuadores de Hegel destruyeron esta unidad, y se regreso al viejo materialismo con Feuerbach [materialismo histórico] y al espiritualismo de la derecha hegeliana. En su juventud Marx revivió toda está experiencia: hegeliano, materialista feuerbachiano, marxista, o sea que rehízo la unidad destruida en una nueva construcción filosófica: ya en las tesis sobre Feuerbach aparece nítidamente esta su nueva construcción, esta su nueva filosofía.”-refiriéndose al carácter cíclico agrega- “Muchos Materialistas Históricos han repetido con Marx lo que ya antes se hizo con Hegel, esto es, de la unidad dialéctica han regresado al materialismo crudo.”
¡Contra el materialismo crudo!, esa es mi alerta.